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Es conocida la labor de Germán Coimbra Sanz como poeta, dramaturgo, historiador, etnógrafo, botánico, entre varias facetas que hacen de él una referencia importante para la memoria histórica y cultural del oriente boliviano. Fallecido en 2007, emergen aun ecos de su personalidad que han sido una inspiración e influencia para quienes tuvimos la suerte de conocerlo. No voy a referirme en esta oportunidad a sus reconocimientos y producción intelectual, que es extensa por cierto.

Hoy quiero hablar de experiencias simples y sencillas que hacen más grandes a los grandes y Germán es alguien de una talla muy visible. Recuerdo la vez que lo conocí, en ese entonces yo era solo un pelau que estudiaba Biología y que estaba con hambre de conocer y curiosear. Del sinfín de ʻbichosʼ que me llamaban la atención, había un grupo de roedores que comúnmente se los conoce como cujuchis y que habitan bajo tierra. Alguien me indicó que quizás Germán Coimbra podía saber algo más de estos ʻbichosʼ. En ese entonces Germán trabajaba en una repartición de la Alcandía y era toda una personalidad. Llegué algo ansioso a esa jungla de oficinas y pregunté insistentemente por ʻdon Germánʼ. De manera un tanto reacia me condujeron hasta su oficina. Germán era un hombre ocupado y muy importante, de hecho en el momento que, sin cita previa, me atreví a visitarlo estaba con su asistente revisando papeles y no olvidaré nunca su reacción. 

De inicio me miró fijamente como diciendo ¡y este pelau impertinente qué querrá! Yo era un reverendo desconocido y solo atine a responder: “Don German buenas tardes, quiero que hablemos sobre cujuchis”… mmm… creo que había dos opciones: 1) que le diga a su asistente que saquen a ese pelau de su oficina por impertinente; o 2) que instruya a su asistente retirarse y nos deje solos para hablar sobre los ʻfascinantes e importantes cujuchisʼ, opción idílica y poco probable entre la gente común. Pero Germán no era para nada común y se dio la segunda opción.

Efectivamente, al final nos quedamos solos para hablar y discutir sobre cujuchis. Y debo decir en verdad que fue de las clases magistrales más inspiradoras y fascinantes que recibí en mi vida. No era un recinto académico o una charla TED, era un recinto burocrático, lleno de papeles de hecho. Pero por un rato Germán se sacó el saco y corbata y se puso la camisa arremangada de maestro para enseñar a un pelau curioso e irreverente.
En cuestión de segundos decidió dar su tiempo para una causa que era personal y por decisión propia. Nadie se la impuso y no tenía un cartón que acreditara su maestría, no la necesitaba de hecho, ya que era libre de ser maestro y educador cuando quisiera y tuviera la chance de hacerlo. Eso lo entendí tiempo después.

Con Germán aprendí muchas cosas en otras tertulias y los cujuchis fueron solo el primer pretexto. Fue impresionante para mí su capacidad de observar la naturaleza al estilo de los naturalistas victorianos y su nutrido conocimiento sobre la cultura humana, y es que fue también un gran naturalista y maestro por elección. Por lo menos esa tarde yo llegué con un jasayé grande y casi vacío y German lo llenó y le yapó… Gracias Germán.