Opinión

Poco avance contra el racismo

El Deber Hace 3/20/2018 8:00:00 AM

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Poco, muy poco, es lo que se ha avanzado en la lucha contra el racismo en Bolivia. No es por falta de normas, ya que existe una ley (045) que fue prometida como la llave para terminar con este problema en el país, pero a casi ocho años de su promulgación, no ha servido de mucho. El tema interpela a cada ciudadano, incluso a los que ahora están en el poder. En realidad, nadie puede lanzar la primera piedra creyéndose inocente.

Una mujer fue filmada en un micro, mientras insultaba a otra de pollera y el video fue subido a las redes sociales, lo que generó indignación ciudadana y también oportunismo político, de parte de autoridades que usaron el hecho para nuevamente arengar a unos en contra de otros. 

A los pocos días, hemos sido testigos de otro evento lamentable: mujeres de la organización Bartolina Sisa vistieron a un dirigente comunal con pollera y manta por “atreverse” a proponer el revocatorio de un alcalde, con el claro objetivo de humillarlo públicamente, lo cual provoca doble indignación, tanto por la discriminación en sí misma como porque fueron mujeres las que pretendieron hacer ver que el género femenino es denigrante para el hombre. 

Mientras el tema está candente en la sociedad, ni siquiera el vicepresidente del Estado estuvo al margen de cuestionamientos cuando una periodista le preguntó si también es discriminación hablar de “clase media decadente” y otro cuestionó ¿por qué el Gobierno no es severo también para castigar a una diputada del MAS que escupe coca a su colega en el Parlamento o a un viceministro (precisamente el de Descolonización) que agredió a una mujer con sombrero por oponerse al presidente? La autoridad no tuvo respuesta concreta al respecto.

Los hechos muestran que el problema del racismo y la discriminación no han sido superados en ningún lugar de Bolivia y que afloran en muchos escenarios. Son evidentes en las redes sociales, en la calle, en las escuelas, universidades y, lo peor es que también se ponen de manifiesto entre quienes deberían ser referentes en combatirlo. No obstante, a la hora de criticar las conductas, todos se sienten impolutos y capaces de lapidar al circunstancial agresor.

Los acontecimientos referidos y otros tantos que no se conocen públicamente deben ser un llamado de atención, ya que no alcanza con una ley ni con la presión que se ejerce a los medios para que publiquen avisos contra el racismo, si no hay un cambio de comportamiento en los hogares, en los centros educativos y en las mentes de quienes tienen la responsabilidad de conducir a Bolivia hacia un relacionamiento respetuoso y civilizado entre sus habitantes.