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bre amarilla, chagas, fiebre tifoidea, tuberculosis y cólera. Las epidemias se producen fundamentalmente por la presencia de aguas contaminadas que consumen los pobladores del campo, sin que hasta el momento las autoridades no hubieran podido instalar plantas de tratamiento que los proteja de gastroenteritis y graves problemas hepáticos. También se registran altos niveles de cardiopatía. Para enfrentar a estos enemigos letales, deben aplicarse vigorosos programas epidemiológicos y con una sólida estructura mé- dica especializada, bajo el lema que ostenta teóricamente el Ministerio del ramo: La salud es un derecho, no una mercancía.

En esta línea, le tomo la palabra al presidente Evo Morales, cuando echó a andar la autonomía indígena, originaria campesina: “Charagua es la hija predilecta de este proceso de cambio, que merecerá las mayores atenciones de mi Gobierno para que supere el abandono y aislamiento, con políticas A la construcción de la carretera asfaltada El Apino-Charagua-Boyuibe, que es una obra cumbre, debe unirse la salud y la cultura como una trilogía del desarrollo sostenible de la benemérita ciudad y sus casi 100 comunidades tupi-guaraníes. Como afirma el laureado periodista Roberto Navia Gabriel: “Dejaremos el enclaustramiento para dar paso a nuevos desafíos. Ahora, vecinos y comunarios miran el futuro con esperanza y optimismo”. Debemos construir carreteras asfaltadas para generar granos, productos lácteos y cárnicos, libros y, fundamentalmente, mucha salud, sin las cuales no se puede concebir ningún atisbo de progreso.

No es posible que la vida de más de 30.000 almas dependa de las brigadas médicas que con pasión apostólica prestan asistencia mé- dica especializada y permanente en los hogares menesterosos de la zona. Esto me llena de emoción: galenos, enfermeras, bioquímicos y personal paramédico se lanzan gozosos por los confines de la segunda sección municipal de la provincia Cordillera para cumplir con labores solidarias, paliando el dolor de nuestros hermanos guaraníes. Las enfermedades transmisibles y tropicales que más estragos causan en la región son la malaria, fieestructurales y profundas”.

Hoy más que nunca debemos pasar del reclamo a la exigencia para que en Charagua se consolide un centro hospitalario de segundo nivel, destinado a cubrir la enorme demanda, con la dotación de ítems a por lo menos cuarenta médicos, laboratorios, ambulancias, equipos de rayos X y de ecografías, salas de recuperación y de emergencia, quirófanos y un mí- nimo de 100 camas. Resulta increíble que desde 1971 el hospital Mamerto Egüez, mantenga menos de 20 camas y material obsoleto. El panorama en Alto y Bajo Isoso, es desolador. En La Brecha, donde descansan los restos mortales de los líderes históricos Bonifacio Barrientos Iyambae (Sombra Grande) y de su hijo Boni, por ejemplo, funciona un pequeño nosocomio básico, con apenas un médico y un enfermero. Una vergüenza. La Gobernación de Santa Cruz ha escuchado la voz angustiosa de la ciudad y del campo y está coadyuvando en nuestros objetivos de crear una infraestructura sanitaria sólida e integral. El subsecretario de salud pública, con quien hablo frecuentemente, se ha comprometido en hacer realidad la construcción de esta obra vital. Ojalá que no nos llenen de promesas. Queremos dar un salto cualitativo en este tema prioritario. ¡Que brille el asfalto! Sí. Pero con salud y educación.