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8/04/2015
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La Escuela Nacional de Teatro tuvo el gran honor de acoger anoche en su escenario al inmenso Werner Herzog, el director alemán que llegó a Bolivia para empezar la filmación de su película Sal y fuego.

Unas 500 personas llegaron hasta la escuela, ubicada en el Plan 3.000, para escucharlo y hacerles preguntas sobre cine y sobre su vida personal, las que Herzog, de manera muy amable y en un español casi perfecto, respondió.

El encuentro con el cineasta comenzó a las 17:00, con la proyección de Aguirre, la ira de Dios, una de sus películas más importantes. Al finalizar el filme, cuando faltaban 10 minutos para las 19:00, apareció Herzog y fue recibido con aplausos por el público.

Pocos en los puestos
Herzog estuvo en el escenario sentado junto a Diego Mondaca, el jefe de producción de Sal y fuego en Bolivia, que fungió de moderador y con quien entabló un breve diálogo. “Quería venir a Bolivia y no quería llegar con las manos vacías”, dijo cuando Mondaca le agradeció por acceder a esta charla magistral.

Luego habló un poco de la realización de Aguirre, de las condiciones en que se hace cine hoy: “El dinero tiene dos cualidades: su estupidez y su cobardía”, mencionó sobre los supuestos impedimentos a la hora de hacer una película por falta de presupuesto.

Recordó a su actor fetiche Klaus Kinski: “Ah, ese loco. Mi equipo me preguntaba cómo podía trabajar con esa pestilencia”, recordaba entre risas el director alemán.

Incluso se refirió al tema marítimo que atañe a Bolivia y a Chile: “Hasta cierto punto Bolivia sí pertenece al Pacífico, pero la historia le da en contra de este sueño. Hasta hoy día es un sueño sin redención en su pueblo. Su país no está finalizado”, comentó Herzog, aunque aclaró que en su posición de extranjero le era difícil opinar de estos temas.

Preguntas iban, respuestas llegaban: “Nunca he tomado drogas, alguna vez alcohol”, “Yo siempre me sentí cerca de Fassbinder y él de mí”, dejando satisfechos a todos, y así se despidió hasta una próxima ocasión