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Once años después de que la Justicia lusa archivase el caso de Madeleine McCann, la niña británica desaparecida en el Algarve en 2007, el misterio sigue abierto en Portugal, donde las autoridades analizan indicios que obligaron a reabrir el caso y que aún no han dado resultados.

Una nueva teoría se conoció estos días, una sospecha que nunca fue revelada hasta ahora. Se cree que la niña de tres años se habría despertado sola en la villa de Praia da Luz, en Algarve, y al no encontrar a sus padres (que estaban bebiendo en un bar cerca al hotel) se extravió. A partir de ahí pudieron suceder varias cosas, siendo una posibilidad que un chófer ebrio la atropellase y se llevará el cuerpo para enterrarlo.

La principal teoría apuntaba a que se trató de un secuestro fallido que finalmente provocó la muerte de la niña, aún no confirmada. 

La investigación avanza con total hermetismo por parte de la Policía Judicial y la Fiscalía portuguesa, que cerró hace una década el caso por falta de pruebas pero que, de forma inesperada, lo reabrió cinco años más tarde al encontrar nuevas pistas que aún estudian.

La desaparición de "Maddie", que se esfumó de la habitación en la que dormía junto a sus hermanos Amelie y Sean, apenas bebés, mientras sus padres cenaban con unos amigos a pocos metros de distancia, es una obsesión en Portugal, donde se dio carpetazo al asunto tras 14 meses de investigación que dieron la vuelta al mundo.

El Ministerio Público acabó por librarles de culpa a ellos y a un tercer sospechoso, el también británico Robert Murat, y evitó aclarar algunos aspectos que habían desatado las sospechas hacia el matrimonio McCann.

Por ejemplo, los vestigios de sangre y de presencia de un cadáver en su domicilio, ropa y efectos personales, así como en el maletero del automóvil que alquilaron después de perder a su hija.

La Fiscalía tampoco comentó en aquel momento los análisis de ADN realizados en el Reino Unido a esos restos, que según la Policía Judicial lusa tenían muchas posibilidades de pertenecer a la niña, ni si hubo testimonios contradictorios por parte de los padres o los amigos con los que cenaban la noche que Maddie desapareció.

Los investigadores guardaron silencio y dejaron las cuestiones en el aire mientras arreciaban las críticas, que tachaban su trabajo de poco minucioso y acabaron por convertir el caso en un trauma que los agentes nunca llegaron a olvidar completamente.

Por eso, en marzo de 2011 un pequeño grupo de policías de Oporto volvió sobre los pasos de los primeros detectives; se trataba de revisar todo desde el principio para, sin la presión mediática internacional que acompañó la primera pesquisa, "identificar información que pudiera ser profundizada".

Así lo explicó la Policía Judicial en 2013, cuando se reabrió la investigación tras encontrar un nuevo hilo del que tirar entre la documentación acumulada del caso, que generó 12.000 páginas, además de 2.000 diligencias policiales, 500 búsquedas en la zona y casi veinte sospechosos.

Lo que sí se sabe es que la zona del Algarve ha quedado marcada por la desaparición de Maddie, sobre la que nadie quiere hablar ya pero que genera periódicamente titulares en la prensa británica y portuguesa.

El más reciente de ellos llegó el pasado marzo, cuando se anunció que los detectives ingleses que investigan el caso recibirían 150.000 libras (170.850 euros) más para proseguir la búsqueda, un apoyo que llega un año después de que estos expertos dijeran que seguían una línea de investigación muy importante.

Mientras, en Portugal avanzan en silencio y sin presiones; nadie quiere otra polémica como la de Gonçalo Amaral, el comisario que acabó en un conflicto judicial con el matrimonio McCann por acusarles de ocultar el cadáver de su hija después de que muriese por accidente, algo nunca demostrado.