Escucha esta nota aquí

Sostengo que enero del 2020 significará una inflexión en la vida política boliviana, cualquiera sea el resultado electoral que se produzca. Son tantas las señales que estamos analizando sobre la acumulación de necesidades materiales, que será imposible continuar con el modelo impuesto por el actual Gobierno; quien ascienda al poder, deberá tomar decisiones improrrogables.

La ventaja es que se han acumulado, también, experiencias, conocimientos y saberes que facilitarán la transición para seguir perfeccionando y profundizando la democracia. Sobre la base de la inclusión social existente, la incorporación de la categoría territorial con sus manifestaciones de ciudades y con el reconocimiento de las prácticas federales en los espacios autonómicos (departamentos, municipios y comunidades), fortalecerán las alianzas público-privadas en los sectores productivos; se generarán así sinergias reales y efectivas; tendremos que imponernos vencer la informalidad económica para que la población se vuelva ciudadana y, sobre ella, establezca una relación de actores productivos con calidad de contribuyentes. No podemos seguir alentando a nuestra población a ser improductiva y sometida al rentismo facilista. La creación de oportunidades de trabajo digno, reconocido como base para la generación de excedente, permitirá que la autoestima se construya sobre innovación y producción.

Culturalmente, hemos recibido una enseñanza con la irrupción de lo chiquitano. Se trata de valorar nuestros saberes y potenciarlos para que se sumen a la creación universal. La identidad no puede ser exclusión y la sabiduría estará en identificar cuáles son nuestras manifestaciones humanas que enriquecen los valores universales de fraternidad y de apertura. La partitura en el manejo de los instrumentos musicales posee una potencialidad que acerca a nuestros pueblos.

Igualmente, nuestras lenguas y modos de comunicación deben compartir un lenguaje simbólico que tengan en la palabra el instrumento de la comprensión y la tolerancia. El descubrimiento de Raúl Otero Reiche como el poeta de América nos ha facilitado la posibilidad de comprender, a través de su obra América, las dimensiones donde puede llegar la creación literaria de nuestra gente. Otero ha sido reconocido entre las 100 personalidades que han influido en el actual modo de ser de la humanidad, y mal haríamos nosotros en no reconocerlo y aprovecharlo.

Por el carácter integrador y participativo de las relaciones humanas, el modo cooperativo de trabajo y de producción, ofrece posibilidades muy útiles, pues el sistema cooperativo se ve acompañado de la solidaridad responsable como instrumento de producción y desarrollo. A la creatividad individual, el aliento para llegar a sistemas cooperativos permitirá, como hasta ahora, valorar que la suma de voluntades y esfuerzos entre actores individuales y colectivos es deseable para lograr resultados más consistentes.

Bolivia está integrada a redes de comunicación y conocimiento y su utilización ya no es una concesión graciosa ni una exquisitez para eruditos. Las distancias desaparecen lo mismo que la ignorancia, frente al acceso, a tiempo real, de la sabiduría que aporta el manejo de los instrumentos que la han universalizado. Solo mentalidades retrógradas y antihistóricas podrían defender el permanecer fuera de ellos y del impacto que significa ser parte del conocimiento universal.
Ya no es posible el encierro.