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Ayón Mendoza recuerda que preparaba tortillas cuando empezó la lluvia de balas. Asustada, fue corriendo a buscar a su bebé, pero dos supuestos helicópteros de la Marina mexicana siguieron disparando "con más fuerza" contra la comunidad de Comedero Colorado (Durango, norte) sin que ella entendiera por qué.

Desplazada junto a decenas de vecinos en Cosalá (Sinaloa), esta ama de casa de 24 años explica el terror que vivió su comunidad el 6 de octubre durante un operativo para cercar al narcotraficante Joaquín "Chapo" Guzmán, que se fugó en julio dando un duro golpe al gobierno de Peña Nieto.

Como resultado de una intensa caza, de la que el Gobierno dijo que el capo logró huir malherido y en la que negó que hubiera ataques a pobladores, la casa de Ayón quedó con decenas de impactos de bala y su carro calcinado, según denunció ante la fiscalía su marido, Gonzalo Elías Peña.

Como pudo, escabulléndose entre matorrales y zanjones, la pareja huyó despavorida del pueblo y caminó con su hija de dos años por la Sierra Madre Occidental, refugio natural del líder del cártel de Sinaloa