Opinión

Es golpe de Estado

El Deber Hace 12/13/2018 8:00:00 AM

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No han sacado los tanques a la calle. Ningún cuartel ha marchado a tomar al asalto el palacio de gobierno ¿Para qué, si no tienen que desalojar a nadie de la silla presidencial? Desde dentro de palacio dan un golpe de Estado para apropiarse del poder que les dimos en custodia. No es el antiguo golpe para desalojar al gobernante. Es golpe del que ya tiene el gobierno y golpea para no devolverlo. Han dado golpe para apoderarse del Estado antes de que se les escape de las manos el poder que los ha emborrachado. Después de 12 años de gobierno, se apropian de por vida de la silla que se les había encomendado para cuatro años.

Golpe de Estado es la violencia ejercida para hacerse dueño del gobierno, rompiendo el orden legal. Es la apropiación violenta del aparato estatal, contra la decisión de los votos. Golpe de Estado es la ruptura de la normalidad, de la institucionalidad para apropiarse del poder o del acceso al poder. Aunque no haga falta abrir fuego contra nadie, golpe de Estado es el asalto y la usurpación de la soberanía del pueblo.

Dos vocales del Tribunal Electoral renunciaron antes porque no se atrevieron a enfrentarse al golpista. Sabían que el presidente está dispuesto a todo, que ha decidido quedarse a cualquier precio. Les habían hecho llegar suficientes y claros mensajes, eran órdenes y eran amenazas. En el Tribunal quedaron solamente dos valientes, en medio de una turba de débiles dispuestos a delinquir. Antes, tenían ya preparado un Tribunal Constitucional servil al que mandaron dar el fallo que no tenía poder para dar. Dominarlo fue parte del golpe.

No se saltaron elecciones presidenciales, aunque se preparan para hacerlo. Pasaron por encima de un referendo, que es más sagrado. La máxima instancia jurídica en cualquier sociedad es la decisión de la población expresada en referendo. Y, siempre y en todas partes, violar la decisión de la población es un delito que se llama golpe de Estado. Lo curioso es que en Bolivia dan golpe de Estado y golpe a la Constitución, precisamente los que juraron respetar el Estado y la Constitución. Se les ha hecho tan normal y rutinario dilapidar los bienes de la patria y la voluntad popular, que han acabado por asaltar el país entero. La población dijo, sin resquicio para la duda, que no aceptaba cambio jurídico que permitiera la repetida repostulación de ningún presidente. A pesar de todo, el presidente que lo consultó y su séquito mienten y, violentando leyes y tribunales, desobedecen el mandato nacional. Eso es golpe de Estado. Es golpe a la soberanía.

Trajeron por los pelos derechos humanos falsificados, que nunca existieron. Inventaron lecturas fraudulentas de tratados internacionales, que no dijeron nunca lo que a ellos se les antoja leer. Nombraron jueces electos a los serviles que perdieron las elecciones. A sus ilegítimos tribunales les reconocieron poderes imposibles, por encima de la Constitución y por encima de la voluntad popular, por encima de la verdad. Son las tanquetas del golpe de Estado.

No soportan un futuro sin el boato, sin los lujos que los han subyugado. No se resignan a que se aleje de sus manos la fuente inagotable de ganancias y negociados. Se saben culpables y escapan de que les pidamos cuentas. Por esto y por otras formas de ambición desbocada, han tomado la triste decisión de pasar a la historia como delincuentes.