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Entre sus puños aprieta el manto de la Virgen Dolorosa e inclina la cabeza suplicando su intercesión. La imagen está al lado de la del Señor de los Milagros.

Con la mano en el pecho susurra sus peticiones y enciende dos velas para continuar su encuentro personal con Dios, sin importar que más de una decena de personas estén a su lado en la Catedral Metropolitana Basílica de San Lorenzo. Esta es la vivencia de Roberto Toro, un chuquisaqueño de 46 años que radica desde hace 25 en la capital cruceña.

“Siento que es un punto de encuentro, porque, se lo aseguro, uno sale renovado. Realmente este templo es una reliquia, un lugar de protección”, confiesa el hombre.

A solo dos pasos está arrodillado Pedro Becerra (65), concentrado en lo suyo. Vive en el barrio San Roque, pero al pasar por allí se dejó seducir por la necesidad de oración.

“Aquí se encuentra paz y gozo, porque uno siente que Dios lo escucha. Esta es una edificación centenaria, donde venimos a buscar al Señor”, dice aliviado.

Vestida de negro permanece suplicante Juana Jiménez (75), quien después de estar de rodillas camina hacia la imagen de la mamita de Cotoca, y no duda en tomar la cinta que cuelga de la vestimenta y la besa. Luego le pide a la madre de Jesús por la salud de un sobrino. Ella está de luto por la muerte de un familiar.

“El Señor es todo para mí, siempre me escucha”, dice mientras describe como hermosa y acogedora a la catedral, que este 18 de agosto está cumpliendo 100 años desde su consagración como templo.

De la mano de los fieles
Miguel Ángel Miranda Muñoz (24) está a cargo de la sacristía. Conoce en detalle la historia y organiza todo para las misas, porque también trabajó en el museo catedralicio que expone las reliquias que se conservan.

Como él, muchas personas son parte del mantenimiento y funcionamiento de esta centenaria catedral, a la que a diario visitan fieles y turistas.

El sacerdote Raúl Arrázola, que fue 10 años rector de la catedral, resalta que la actual edificación es la culminación de todas las anteriores.?La primera fue precisamente la edificada por Fray Diego de Porres.

Recuerda la historia, que en anteriores épocas esta ciudad era una zona de escasos recursos, de aislamientos y pobreza. “Era una sociedad de frontera, por eso las primeras catedrales fueron sencillas, algunas hechas de barro y de palmeras”.

En 1768, el obispo Francisco Ramón de Herboso, que fue el primero que residió en Santa Cruz, impulsó una obra con mayor esplendor, la misma que fue bendecida solemnemente el 8 de septiembre de 1771.

Sin embargo, la obra no fue sólida, y años más tarde hubo que impulsar una nueva. Desde entonces comenzó esta tarea, y se arrancó con el diseñó del arquitecto francés Felipe Bertrés, que fue hecho con los aportes de los fieles, pero no fue posible terminarla.

El sacerdote recuerda que fue el obispo Francisco de Paula León de Aguirre el que demolió la vieja catedral de Herboso y arrancó la nueva construcción que duró varios años. Posteriormente, el obispo José Belisario Santistevan dio impulso para retomar los trabajos, que coincidió con un importante movimiento económico por el auge de la goma.

La consagración
La fiesta comenzó desde el 16 de agosto de 1915 con la bendición de la parte exterior del templo catedralicio, pero el acto central fue el 18, es decir, dos días después.

Ese día se fue en procesión hasta el templo de La Merced para regresar a la catedral el santísimo sacramento y otras imágenes de los santos patrones,

En el frontis superior del templo, de ladrillo adobito visto, se exalta la imagen del papa Francisco