Opinión

¿El fin del régimen chavista?

El Deber 2/2/2019 04:00

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Frente a la difícil situación política en Venezuela, un observador considera que “la solución es que Maduro se vaya, se fije una fecha para las elecciones democráticas, se forme un gobierno transitorio democrático y se establezca una especie de Plan Marshall con $us 50.000 o 60.000 millones para ayudar a la población”. Quien así piensa es nada menos que el conocido intelectual alemán, residente en México, Heinz Dieterich, asesor de Hugo Chávez e ideólogo del denominado socialismo del siglo XXI, que con entusiasmo asumió el líder venezolano.

Para otro observador –Alfredo Toro Hardy– los acontecimientos que se suceden en Venezuela desde la semana pasada son tan “inesperados” como los “cisnes negros” que tomaron por sorpresa a unos colonos ingleses en Australia. Estos eventos van a “contracorriente de las expectativas”, tienen un “impacto extremo” y nadie pudo anticiparlos. “De la noche a la mañana –subraya el escritor–, una oposición carente de liderazgo, desarticulada y desmoralizada, ha encontrado un líder, se ha unido y se ha lanzado a la conquista de la calle”. Y lo más importante, ha puesto en marcha una visión de “legitimidad” de gobierno que se ha proyectado al ámbito internacional.

En cuanto a determinados actores internacionales, detrás o al frente de la contienda que se libra entre Nicolás Maduro –el presidente “usurpador” e “ilegítimo”– y Juan Guaidó –el presidente “encargado” o “interino”– su posición es no menos significativa. Si se trata de EEUU, al decir de otro analista de El País, hay que precisar que “ha apostado muy fuerte en Venezuela” y que parece estar dispuesto a “no perder la apuesta”. De igual modo, aunque con un énfasis diferente, la posición de todos los países que, hasta hoy, han “reconocido” al gobierno asumido por el presidente de la Asamblea Legislativa.

La audaz iniciativa de Guaidó de autoproclamarse presidente “encargado” y la insistencia de Maduro de no dejar su mandato a pesar de los vicios que comprometen su legitimidad, han creado la peculiar situación de un país dividido entre dos legitimidades para el ejercicio de las funciones ejecutiva y legislativa. Vale decir, dos presidentes y dos asambleas –una legislativa y otra ‘constituyente’– que pretenden cumplir las mismas funciones. No puede causar extrañeza que, frente a este escenario y a la luz de la forma en que se sucede la acción de los cada vez más amplios sectores de oposición al Gobierno, aumente el número de observadores y analistas que piensan que está cerca el fin del régimen chavista.