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A pesar de que este ha sido llamado el siglo de las comunicaciones, pareciera ser la época en la que estamos menos comunicados de forma interpersonal. Si bien nos comunicamos permanentemente, no siempre lo hacemos con eficacia. Más aún, seguramente has sentido alguna vez que tu comunicación interpersonal está marcada por la hostilidad y la agresión. 

Los grandes problemas de este mundo son de comunicación. El que mejor conecta y comunica, es al que mejor le va en la vida. En la misma medida, quien no se preocupa o busca mejorar su capacidad de comunicación, estará perdiendo la mágica oportunidad de aproximarse al otro para co-crear un espacio de entendimiento y paz. 

Es por ello que autores como el sicólogo Marshall Rosenberg han venido desarrollando la teoría de la comunicación no violenta. Esta se enfoca en tres aspectos: autoempatía (definida como una profunda y compasiva percepción de la propia experiencia), empatía (entender y compartir una emoción expresada por otro) y autoexpresión honesta (definida como expresarse auténticamente de una forma que haga más probable que surja la compasión hacia los demás).

La comunicación no violenta sostiene que la mayoría de los conflictos entre individuos o grupos surge de la mala comunicación de sus necesidades humanas, debido al lenguaje coactivo o manipulativo cuyo objetivo es inducir miedo, culpa, vergüenza, etc. Estos ‘violentos’ modos de comunicación, cuando son usados en un conflicto, desvían la atención de los interlocutores en lugar de clarificar sus necesidades, sentimientos, percepciones y peticiones, perpetuando así el conflicto.

Los cuatro componentes de la comunicación no violenta implican: observar sin evaluar o juzgar apostando a un nivel óptimo de neutralidad en nuestros acercamientos al otro; identificar y expresar los sentimientos de una forma libre de juicios o cargas emocionales; hacernos responsables de nuestras necesidades y cómo las expresamos usando la empatía para entender las necesidades de otros; y, finalmente, hacer peticiones de forma clara, honesta y genuina. 

Si aspiramos construir relaciones que perduren y que, en su conjunto, contribuyan a la paz que tanto anhelamos, que sea la comunicación no violenta nuestra principal aliada para lograrlo.