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En diciembre de 2010 surgió un movimiento ciudadano en los países del medio Oriente que cambió la historia política de la región. Se lo conoció como la “Primavera árabe” para significar el nacimiento de una nueva vida en la gente que clamaba por la democracia y por el respeto a los derechos humanos y sociales. Sus demandas también incluían un empleo digno y una educación de calidad.

Al tomar conciencia de su situación de exclusión política, económica y social, en sus convocatorias a las manifestaciones populares contra estos regímenes autoritarios el internet y las redes sociales jugaron un rol fundamental.

Después de observar en Bolivia los últimos sucesos ocurridos en esta primavera a raíz de la última sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional, se podrían subrayar diversos hechos que cualquiera pudiera vincularlos con lo ocurrido más allá de nuestras fronteras, como por ejemplo, la autoconvocatoria de jóvenes usando las redes sociales para denunciar atropellos por exceso de poder o prorroguismo.

Aquí llamó la atención la presencia masiva de personas que en su mayoría pertenecen a los llamados millennials, (población nacida entre los años’ 80 e inicios del siglo XXI, diferenciándose por tener un mayor nivel de estudios, ser más seculares y haber nacido en la era de internet), sin olvidar que generaciones mayores también pueden tener mentalidad igual que dichos millennials.

Ellos tienen formas diferentes de agruparse y buscan objetivos distintos a los que sostienen los dirigentes políticos actuales. Odian los discursos largos y las promesas incumplidas. Piden acciones más rápidas y rechazan la demagogia y la corrupción. Su organización es más horizontal que vertical. Si bien esto puede alterar el modo de coordinar acciones, sin embargo, hasta ahora, al menos, han podido alcanzar altos niveles en sus convocatorias. Estos millennials constituyen sociedades jóvenes rodeadas por valores viejos que no los representan. Es un nuevo poder sin rostro, seguramente invencible. Ellos lo sienten así pues constituyen una fuerza poderosa que representará casi el 40% de los votantes en 2019.

Esta juventud que ha sufrido en gran medida un nivel de desempleo muy elevado, busca además del cumplimiento de la ley, una mejor calidad de vida, incluyendo un gobierno transparente, honesto y justo. 

Este análisis muy ligero significa un quiebre o punto de inflexión en la vida socio-política boliviana, pues lo sucedido en las últimas semanas marca un antes y un después en la vida social y política del país. Otra consecuencia que se avizora es que la juventud actual al estar mejor informada, exige que sus dirigentes sean intelectualmente sólidos. Esta condición sine qua non derrumba el surgimiento de nuevos caudillos iletrados o improvisados que se quieran perpetuar en el poder. 

Sin embargo, si bien existen similitudes, es bueno rever lo sucedido en el Oriente Medio, para que no se produzcan los mismos errores y frustraciones como la exclusión del sistema político, económico y social de la juventud. Esto merece una lectura amplia y profunda del tema para aprender mejor en base a los traspiés del pasado. Finalmente, será el tiempo que dirá si los millennials tomaron o no la tea encendida que alumbre el rumbo del futuro cruceño y del país. Todo dependerá de organizarse, de plantear objetivos claros e incluir a otros grupos, sin egoísmo ni mesianismo político.