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Los impactos políticos internos del fallo de la Corte Internacional de La Haya tienen directa relación con las expectativas que se habían creado alrededor de este proceso complejo y difícil que se entabló contra Chile.

El tema de la demanda marítima y de lograr algún día recuperar un acceso soberano al mar está fuertemente marcado en el imaginario boliviano y reforzado permanentemente por la educación cívica y patriótica que reciben los niños desde la edad escolar, pasando por otras instituciones, celebraciones y rituales, así como narrativas que preservan el sentimiento que tenemos como bolivianos de un tema históricamente pendiente con la historia.

En este último episodio, el propio Gobierno de Evo Morales se encargó de reforzar este imaginario patriótico mediante actos simbólicos como el ‘banderazo’, la exacerbación de fechas alusivas al tema y a los pasos que siguió el proceso de demanda, así como las innumerables confrontaciones discursivas con el Gobierno chileno, impulsando al mismo tiempo la integración nacional frente a un enemigo común.

Este hecho sociológico, que involucra a todos los bolivianos, sumado a la conformación de un equipo profesional y plural para encarar la demanda desde hace cinco años con personajes calificados, sin importar que sean del oficialismo o de la oposición, aísla el resultado del fallo de la confrontación política interna que se ha generado alrededor de la democracia, el respeto al 21-F y la reelección presidencial, que tienen sus propios derroteros y argumentos.

El tema de la reivindicación marítima ha logrado involucrar a todos los sectores del país con los resultados de este fallo, y no solamente al partido de gobierno, el MAS.

Así, el rechazo de la Corte Internacional de Justicia a la demanda boliviana conduce al Gobierno de Morales a una actitud más reflexiva –al menos hasta ahora– y neutraliza los afanes políticos de utilizar esta problemática con fines internos. Lo mismo para la oposición, que mal puede responsabilizar solo al Poder Ejecutivo por los resultados cuando fue claramente un esfuerzo compartido.

En realidad, este reciente acontecimiento interpela a todos los bolivianos a buscar otras estrategias, pero también otras miradas sobre el tema del retorno al mar, que parece habernos confinado en una sola dirección.

En otras palabras, nos exige salir de esta sensación permanente de pérdida. Más allá de las posibilidades que se tenga o no de insistir en la demanda, nos mueve a abrir la mente y cambiar nuestra perspectiva sobre un tema tan recurrente y que nos ha anclado duramente en un pasado que no logramos trascender.