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El debut de Christian Gudegast en la dirección es con una película que sorprende, un thriller genérico, pero bien narrado, con unos buenos personajes, un plan de robo bien diseñado y una buena dosis de tensión hasta el final.

Una banda de asaltantes roba un camión de valores vacío del estacionamiento de una tienda de conveniencia, al frente del caso queda el comisario Nick Flanagan (Gerard Butler), un tipo duro que junto a su equipo iniciará la búsqueda de los ladrones, pero antes intentará conocer el motivo de ellos para robar un camión vacío.

Pronto Flanagan y su equipo irán descubriendo las intenciones de la banda de asaltantes, robar de la Reserva Federal en Los Ángeles la cuantiosa suma de 120 millones de dólares, por lo que deberán buscar anticiparse y detenerlos.

Si bien la película tiene una larga duración, un poco mayor a las dos horas con 20 minutos, el director consigue que esto no se perciba por parte del espectador, logrando dotar de un buen ritmo al relato, y además de poder profundizar en sus personajes y lograr la tensión necesaria para esta historia.

Gudegast sabe bien dónde poner la cámara, narra con buen pulso, las escenas de acción son fluidas y entendibles y logra actuaciones por demás convincentes de sus actores, todo esto con una notoria influencia de esa obra maestra de Michael Mann, Heat, todo un clásico en el cine de robos.

Gudegast narra con aplomo y cierto clasicismo su historia, tomándose su tiempo para lograr un buen desarrollo de cada situación.