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Han pasado 36 años desde que Hernán Siles Zuazo juró como presidente de la República para poner fin a los regímenes militares, pero luego de ocho elecciones generales, solo uno de los que llegó al poder por el voto popular no repitió su estancia en Palacio Quemado. El resto -Víctor Paz Estenssoro, Hugo Banzer Suárez, Gonzalo Sánchez de Lozada y Evo Morales- bebieron más de una vez de las mieles del poder, aunque con distintas suertes y métodos para conseguirlo. Ahora, a las puertas de una nueva elección, todo hace indicar que difícilmente el poder caerá en las manos de un inédito en el arte de gobernar. José Orlando Peralta, politólogo, lo explica en una sola frase: Bolivia sufre de caudillismo congénito y lo que ha generado en la población el anuncio de que Carlos de Mesa será precandidato a las generales de 2019, no hace otra cosa que confirmarlo.

De prueba en prueba

Carlos Hugo Molina, abogado y exprefecto de Santa Cruz, ve que se ha ido construyento democracia entre grandes hitos y jalones. Ve los orígenes de la democracia actual en la Guerra del Chaco y la nueva visión de país que trajo en la Constituyente del 38, cuando se introdujo el constitucionalismo social. También tiene cimientos de la Revolución del 52, con la incorporación de nuevos actores políticos, como el sindicalismo, que terminó por apropiarse del Estado, o la recuperación de la democracia y lo que considera la “novísima incorporación de los territorios” en el concepto de democracia, vía la participación popular y las autonomías.

Añade que en los últimos años estamos descubriendo nuevas modalidades de democracia, que antes era una lucha unificada contra la bota militar. Ahora ve una democracia en constante prueba entre formas de democracia autoritaria y democracia de ruptura.

Para Jerjes Justiniano, exrector de la Uagrm, exdiputado y excandidato a presidente por el Partido Socialista 1, la democracia nos ha vuelto mucho más tolerantes y hemos aprendido a vivir en ella. Para los escépticos, cuenta que él tuvo que vivir siete años en el exilio solo por pensar diferente, no por agredir a nadie ni por cometir ningún delito.

Para Jorge Lazarte, politólogo, exconstituyente y exvocal de la Corte Nacional Electoral, vivimos una democracia primitiva y llena de paradojas: todos conmemoramos el Día de la Democracia, pero no estamos de acuerdo en qué quiere decir democracia, sino que cada bando tiene su propia definición. Es por eso que hoy habrá dos marchas antagónicas y cada una -la oficialista y la opositora- se arroga la verdadera representación de la democracia.

“La idea de democracia es tan actual y tiene tanto prestigio, que pueden servirse de ella incluso para matar la democracia. Y lo peor es que no le ponemos la suficiente atención. Los intelectuales deberían ser más específicos y reflexivos al momento de explicar en qué estamos pensando cuando decimos democracia”, reclamó.

Para él, en 1982 no se recuperó la democracia, porque simplemente antes no se la tuvo. Cree que Bolivia está presa de una idea muy primitiva de la democracia, resumida en el voto, y que la lucha contra un régimen totalitario no necesariamente garantiza que sea una lucha por la democracia.

Justiniano se crispa ante la idea de que la democracia quedó lesionada con el fallo constitucional del 28 de noviembre, que habilitó a Evo Morales a una nueva repostulación, a pesar del referendo del 21-F. Considera un absurdo decir que el Gobierno de Morales se acerca a la dictadura, ya que fue elegido por el 61% de los electores en 2014.

Pese a que no está de acuerdo con la reelección del presidente, el que fuera su embajador en Brasil recuerda que con un 32% de los votos “Goni vendió al país” y que Jaime Paz Zamora vendió Guabirá con solo el 17% del favor del electorado. “No estoy de acuerdo con la reelección, pero este Gobierno es democrático. No es antidemocrático, porque está planteando el voto para la reelección. No está diciendo: ‘Tengo la fuerza y esto se acabó’. Todos los partidos en la historia de la humanidad, desde la Grecia de Platón hasta nuestros días, han usado su mayoría para imponerse”, dijo Justiniano.

Para Molina, será la ciudadanía la que se encargará de revertir esa nueva forma de interpretación constitucional de la soberanía y el voto introducida por la sentencia que habilitó a Evo Morales. Recuerda que así lo hizo con el gasolinazo y el Código Penal.

Carlos de Mesa, un síntoma

Peralta agrega otra particularidad al 36.º aniversario: habrá dos movilizaciones y puede generarse violencia en nombre de la democracia. Otra cosa más: el anuncio de Carlos de Mesa, a través de un video de YouTube, mostró que en la democracia boliviana se puede construir poder de formas muy distintas. Pone como ejemplo a Demócratas, que trata de generar un partido con mirada nacional sin tener un líder nacional. Y también a Samuel Doria Medina, que pese al trabajo en política no logra despertar esa misma sensación de vértigo que genera el expresidente, pese a que se ha agarrado de un partido que ya casi nadie recordaba, como el FRI. “La lógica de un caudillo compitiendo contra otro hace que Carlos de Mesa pueda competir por la Presidencia contra Evo Morales en mejores condiciones que Manfred Reyes Villa, en 2009, y Samuel Doria Medina, en 2014”, explica Peralta.

La reflexión final corresponde a Lazarte: “La democracia es Estado de derecho y el Estado de derecho son dos cosas primordialmete, el poder del Estado está limitado por el derecho de las personas, y el poder otorga garantías, es decir, respeta las libertades individuales”. Eso es democracia.

CARACTERÍSTICAS

DOS IDEAS EN MARCHA
Hoy tomarán las calles dos grupos contrapuestos que dicen representar a los herederos de la democracia: los oficialistas, que aseguran que ellos -o sus padres- fueron los que se enfrentaron a las dictaduras para recuperar la democracia y las plataformas y partidos opositores, que consideran que el fallo del 28 de noviembre de 2017 desconoce lo más sagrado de la democracia, el voto.

INCONCLUSA
La consolidación o institucionalización de la democracia como Estado de derecho es una de las tareas pendientes del proceso, según Jorge Lazarte.

EL VOTO NO ES SUFICIENTE
No basta el voto para que un gobierno sea democrático. Lazarte lo considera el concepto más primitivo de democracia y recuerda que se puede votar por cuestiones que no son democráticas. Un ejemplo son los gobiernos de Venezuela y Nicaragua que fueron elegidos en las urnas.

LÍDER ANTES QUE PARTIDO
Carlos de Mesa acaba de demostrar que en el electorado boliviano el líder carismático puede sustituir a la estructura partidaria o al proyecto. Sin embargo, anota Peralta, esto no implica un proceso de poder con alcance similar al que ha construido Evo Morales y el MAS.