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Sandía. Sí. Una deliciosa sandía roja. Eso y solo eso era lo que deseaba Ana Luisa. O más bien eso le pedía su terrón de azúcar desde el interior. No la dejaba dormir. Pateaba. Una y otra vez. Cuando no lo hacía, la mamá tomaba agua fría para despertarla, como se lo aconsejó el médico.

7:04. A esa hora vino al mundo. De un 23 de mayo. Ya hace ocho años. Zoe Alexandra Olexa Arancibia. Así la llamaron la boliviana Ana Luisa Arancibia y el estadounidense Mark Olexa. Nació por cesárea y pareciera que llegó a la Tierra con pilas alcalinas.

Despierta. Carismática. En la escuela la maestra dice que le encantaría tener a 20 niñas como ella. Creció en Denver (EEUU), pero desde los seis meses pisó Bolivia. Su madre -camireña- nunca quiso soltar el cordón de su país natal, así que siempre tomó un avión con su esposo para mostrarle a su primogénita lo que será su hogar desde diciembre.

Sí. Vivirán acá. Ana Luisa extraña el majao, el calor y el Carnaval. Es por eso que dio su aprobación cuando los Piratitas le pidieron que la niña de sus ojos fuera su pequeña gran soberana.

Zoe habla inglés y español. Nunca está quieta. Agita las manos en Shorin Ryu (un estilo del karate clásico), combina ingredientes en clases de cocina, explora en las Girl Scouts, conoce la palabra sagrada en el estudio bíblico, se mueve como un pez en natación, grita “¡arre!” en equitación, se sacude en el skateboarding, sabe escalar y baila zumba. También ejercita sus ‘músculos’ en el gimnasio con su papá.

En su momento su mamá fue conductora de Telemundo, modelo y reina en Camiri. En EEUU recibió el apoyo de las familias Howard y Gruber. Ahí encontró el amor y tuvo a Zoe y a James Orcil (6). Ahora quiere apoyar a sus retoños en todo lo que hagan.

Zoe sabe de coronas a tan temprana edad. Fue reina en 2015, con los Adulados de Camiri. Estos días ya se probó el atuendo para saltar en el corso infantil, desde las 15:00, en el cambódromo. Ayer pedía sandía. Hoy quiere reinar. Mañana será doctora. Pero siempre, siempre boliviana.