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Cuando disentir se convirtió en persecución, el miedo se convirtió en la indignación. Se entendió que la política no se limita a las instituciones y los políticos; y se asumió que la política es la capacidad de dar respuesta a las problemáticas sociales.

Desterremos de nuestros corazones los traumas históricos, políticos y subjetivos. Expulsemos al tirano de nuestras entrañas, destituyamos a esa democracia insuficiente y deficiente, que nuestros padres y abuelos construyeron.

La ciudadanía expresa su desencanto en relación a la actividad política institucional tradicional. En vez de una democracia utilitaria, vertical y paternal de usar y desechar, se necesita una democracia que dé respuesta a los nuevos retos económicos, políticos y socio ambientales. La racionalidad capitalista y la democracia horizontal inclusiva no conviven con facilidad, porque el sistema económico concibe la desigualdad como una naturalidad.

Hay dos capacidades humanas que parecen milagrosas pero también despreciadas: la de ver y la de analizar; milagroso porque somos los seres que pueden ver las estrellas y encontrar sentido a nuestra vida en ellas, pero despreciado porque el sentido se ha convertido en una lucha inhumana por la racionalidad del sistema impuesto, y si yo tengo la razón es porque vos no la tenés, y si vos la tenés, yo debiera escucharte, aprenderme tus palabras.

Somos seres muy curiosos, construimos imperios de piedra y hoy construimos imperios digitales para rodearnos solo de nosotros y nadie más, pero hasta el día de hoy no aprendemos a convivir, a escucharnos. Esa es la mayor dificultad con la cual nos hayamos enfrentado los seres humanos; ese paradigma que hemos asumido para el siglo XXI, llamado Democracia horizontal ciudadana, guarda la dificultad de tolerar e incorporar a los disidentes y marginales, nos confronta ante situaciones paradójicas de integrar sin absorber pensamientos ajenos, igual de válidos y legítimos a los nuestros, a los propios; y como el uno y el entorno son una pareja indisociable, se nos plantea una lucha interna y también externa, de mirarnos al espejo, y al mismo tiempo, de reflejarnos a través del espejo de la otredad.

Cultivo una rosa blanca
“Cultivo una rosa blanca en junio como enero para el amigo sincero que me da su mano franca. Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo, cardo ni ortiga cultivo; cultivo la rosa blanca.”  José Martí. Que nuestro corazón democrático se exprese en el día a día. Reconociendo que el bien común es el espacio donde todos somos corresponsables de la construcción social de la realidad. Diseñemos una democracia de verdad desde la unidad ciudadana. Construyamos el Estado desde la horizontalidad de la comunidad, a través de la acción política colectiva, pacífica, reflexiva, e inclusiva.

Repitiendo los vicios del pasado, crearemos nuevos tiranos. Miremos al pasado y cultivemos la rosa blanca para nuestros mártires. Refundemos la democracia  y miremos de frente al horizonte.

Reflexionemos desde el fondo de nuestro corazón lo infructífero de la acción violenta, la acción armada. Esa maldita acción armada que acabó con la vida de miles de mártires que se entregaron a merced de los tiranos del pasado. Que en nuestros corazones solo quepa el amor, el perdón y la fe en la humanidad.

Cuando se exprese e incorpore a nuestra lucha ciudadana pacifica la participación política colectiva de los marginados y excluidos históricamente, se develará el nacimiento de esta nueva democracia. Una democracia donde se garantice la expresión de la disidencia. ¡No volvamos a renunciar a la política, no volvamos a delegar nuestro poder a un tirano!

Nuestro corazón democrático reconoce que nadie puede atribuirse la voluntad popular y que esta posee espíritu propio.

Al tirano se le cultivarán rosas blancas, cuando se vaya de palacio de gobierno se le alfombrará la salida de rosas blancas, la ciudadanía cultiva rosas blancas en su corazón democrático, el tirano quiere teñir de sangre esos corazones, para saciar su sed de sacrificio y martirio a su pueblo. Nuestra consigna ciudadana es cultivar el amor para derrotar al tirano desde dentro y desde lo cotidiano, para aquellos que nos han arrancado la vida de muchos luchadores de la democracia, les cultivamos una rosa blanca en nuestro corazón.

El odio y la polarización del tirano se vencerán a través del amor y el humor desde la ciudadanía. Para que los tiranos crueles no nos arranquen más vidas, nuestra lucha es pacífica, ese es el camino para conseguir la liberación de los oprimidos y vulnerables, desterraremos al tirano de nuestros corazones cultivando una rosa blanca y pura de la inclusión social, transformaremos la realidad material en una donde todos los ciudadanos tengamos cabida en nuestro pensar y sentir. Tolerando, respetando y rescatando desde la diversidad y la interculturalidad.

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