Escucha esta nota aquí

American Sniper, la película de Clint Eastwood sobre el francotirador Chris Kyle, ha batido multitud de récords en taquilla, pero sobre todo ha sembrado el debate y la polémica por su elevado tono patriótico que ha provocado incluso comparaciones con la "propaganda nazi".

La cinta, protagonizada por Bradley Cooper, arrasó en la taquilla estadounidense durante el fin de semana largo -fue festivo el lunes, Día de Martin Luther King- con 107,3 millones de dólares, el mejor estreno de la Historia para una película no asociada a una franquicia de Hollywood.

La mejor marca previa correspondía a los 83,8 millones de dólares logrados por The Passion of the Christ, dirigida por Mel Gibson, una década atrás.

Se trata, asimismo, del mejor estreno en la carrera de Eastwood, el mejor debut jamás registrado en el mes de enero y el mejor de la Historia para un drama.

"Se trata de un fenómeno cultural y una tormenta perfecta", dijo el jefe de distribución doméstica del estudio Warner Bros., Dan Fellman.

"Si me hubieran dicho que íbamos a lograr esos números, les habría respondido que estaban fumando algo. Es la primera película sobre un superhéroe "real". Ha funcionado bien en cada mercado, desde el pueblo más pequeño hasta las mayores ciudades", añadió.

A ello ayudó que la empresa de sondeos de audiencia CinemaScore, líder en su campo, asignase un sobresaliente alto a la cinta tras pulsar las opiniones de los espectadores, y que la Academia de Hollywood la reconociera el pasado jueves con seis nominaciones a los Óscar, incluidas las de mejor película y mejor actor.

El filme pulverizó así las estimaciones que apuntaban a una recaudación de entre 45 y 50 millones de dólares en su llegada a las salas de todo el país, tras un estreno limitado en Los Ángeles, Nueva York y Dallas.

American Sniper cuenta la vida de Chris Kyle, que entre 1999 y 2009 mató al menos a 150 insurgentes en Irak como miembro de la unidad de elite SEAL de la Marina estadounidense, aunque su batalla más dura la libró de vuelta a casa con su esposa Taya (Sienna Miller) y sus dos hijos pequeños, después de ser absorbido por la guerra.

Y qué duda cabe de que este éxito puede traducirse en estatuillas doradas llegada la ceremonia de los Óscar el próximo 22 de febrero, aunque, de momento, el proyecto no ha conquistado los corazones de todos en Hollywood.