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27/03/2015
La grabación de los últimos 30 minutos en la cabina del Airbus A-320 es estremecedora. En los primeros 20, el piloto del vuelo de Germanwings, Patrick Sonderheimer, conversa “normal y cordialmente” con el copiloto, Andreas Lubitz. Una lacónica expresión del joven, de 27 años, motiva la primera sospecha cuando el comandante le pide que tome el mando de la aeronave y prepare los datos para el aterrizaje en Düsseldorf.

El capitán sale de la cabina para ir al baño. En la grabación se escucha el movimiento de una de las butacas y una puerta que se cierra. Minutos después, Lubitz bloquea el comando de acceso al centro de comandos e inicia el descenso de la aeronave, sin razón aparente.

Cuando el piloto quiso regresar, la puerta estaba cerrada. Temeroso de que algo raro estaba ocurriendo, el capitán llama por teléfono interno para intentar el ingreso. Al no lograr respuesta, golpea la puerta con fuerza y se activan las alarmas.

Los controladores aéreos de la torre del aeropuerto de Marsella tratan de contactar con él y lanzan un mensaje de socorro, pero Lubitz permanece en silencio. "Ignoramos la razón, pero puede analizarse como una voluntad de destruir el avión", señaló el fiscal a cargo de la investigación, Brice Robin.

El copiloto ya no vuelve a hablar hasta el momento de la colisión. El registro sonoro logró captar la respiración de Lubitz durante los últimos ocho minutos del brutal descenso hasta que se estrella sobre una montaña de los Alpes. “Estaba en silencio, aparentemente, tranquilo”, asegura Robin.

“El copiloto Andreas Lubitz hizo colisionar el aparato de forma voluntaria, aunque sin aparentes razones terroristas”, concluyó el investigador. 150 personas, incluyendo el copiloto asesino, murieron por el siniestro.
La noticia estremeció al mundo y, en particular, a las decenas de familiares que, por esas horas visitaban la zona aledaña al lugar donde cayó el avión de Germanwings en los Alpes franceses.

Sufría depresiones y pánico
El relato de lo sucedido, que apunta hacia un desequilibrio sicológico del copiloto, sin descartar otras motivaciones, ha conmocionado a Francia, Alemania y España, países con la mayor cantidad de víctimas fatales.
El dato final que terminó de abrir sospechas sobre su salud mental lo dio ayer la prensa alemana.

El presidente de Lufthansa, Carsten Spohr, con voz entrecortada, confirmó que Lubitz había interrumpido su entrenamiento como piloto durante varios meses en 2009, pero se negó a dar los motivos por tratarse de un asunto "confidencial".

Según averiguó el semanario Der Spiegel, sus compañeros hablan de síndrome "burn-out" (agotamiento) y depresión. Las mismas fuentes hablaron de "problemas psicológicos".

El joven Andreas Lubitz, de 27 años según el Ayuntamiento de Düsseldorf -un año menos de lo que se informó inicialmente-, nació en la pequeña localidad de Montabaur, de apenas 12.500 habitantes, en el estado federado de Renania-Palatinado.

Vivía entre Düsseldorf, capital del vecino estado de Renania del Norte-Westfalia, y la casa de sus padres en Montabaur, también ayer registrada por la Policía a la búsqueda de algún indicio que pueda esclarecer su conducta.

Víctimas no se dieron cuenta
Las víctimas no se dieron cuenta de lo que iba a suceder hasta el último momento, porque en la grabación no se escuchan gritos hasta poco antes del choque, según explicó en la rueda de prensa Robin, que descartó que el copiloto hubiese sufrido un desvanecimiento.
Los investigadores franceses señalan que solo se oyen gritos en los últimos segundos antes del siniestro.

"En este momento, nada permite decir que se trate de un atentado terrorista", afirmó el fiscal, al tiempo que informó de que se ha pedido a las autoridades alemanas toda la información que puedan proporcionar sobre el copiloto.

Lubitz, que había comenzado a trabajar para Lufthansa -matriz de la aerolínea de bajo coste Germanwings- en 2013, tenía una experiencia de 630 horas de vuelo. Según el fiscal, las pesquisas se centran en el entorno del joven, cuya familia se ha desplazado hasta el lugar de los hechos pero no se ha juntado con los allegados de los pasajeros.

Lubitz nació en Montabaur, en el estado federado de Renania-Palatinado (oeste de Alemania), y no estaba fichado por las autoridades judiciales francesas.

"Normalmente, cuando te suicidas, te suicidas solo, por eso no he pronunciado esa palabra, pero efectivamente te puedes plantear legítimamente la cuestión", indicó el fiscal.

Antes de comparecer ante la prensa, el fiscal se reunió con unos 200 familiares de las víctimas en el aeropuerto de Marsella para trasladarles toda la información de la que disponía, que había sido filtrada en parte la pasada noche por el diario The New York Times.

"Los parientes hicieron muchas preguntas sobre normativa internacional, si era normal que el comandante saliese de la cabina", dijo.

Algunos cuerpos de las víctimas comenzaron ya a ser rescatados ayer, a última hora de la tarde, y ha comenzado la identificación del ADN de los restos recuperados.

El fiscal a cargo del caso señaló que "a las familias les cuesta un poco creer lo que ha sucedido. Durante una hora y cuarto he intentado responder a sus preguntas, aunque algunos datos son muy técnicos"