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La que inicia será la segunda semana consecutiva en que la capital de Pando, Cobija, no tendrá clases; secuela del desastre provocado por el desborde del río Acre. La suspensión de actividades educativas es general –incluye escuelas privadas, públicas y de convenio– y ya afectó el cronograma académico anual.

En ese sentido, todos los directores de unidades educativas fueron convocados el martes a la Dirección Distrital de Educación para “reformular el calendario escolar”, confirmó ayer el profesor Hermógenes Chiguanto, titular de dicha institución.

Cabe aclarar que solo Cobija ha paralizado las clases dos semanas, en palabras de Chiguanto, debido a que algunas unidades han recibido el impacto de la inundación del Acre y habrá que hacer refacciones y desinfectarlas para no arriesgar a la población estudiantil.

Por otro lado, ante la creciente emergencia de días pasados, varias escuelas debieron convertirse en parte de los 24 refugios para albergar a más de 1.300 familias evacuadas; de modo que solo se podrá volver a clases en estos recintos cuando los refugiados los desocupen.
“Retornaríamos el 9 de marzo. Vamos a llamar el martes a los directores para reformular el calendario”, explicó la autoridad.

Las aguas del Acre han bajado ya casi a su nivel normal, de modo que ahora las tareas de Defensa Civil y del Centro de Operaciones de Emergencia se concentran en desinfectar las zona afectadas, escuelas incluidas.

Brasil, a punto de partirse
Se oyó como crujido cerca de las 16:00 del jueves. El ruido era la ruptura de la capa asfáltica de una carretera sobre la estrecha franja de tierra de 12 metros de ancho que vincula a Brasileia con el distrito de Samahúma, vecindario donde habitan 3.000 moradores brasileños que “no quieren convertirse en bolivianos”. El cauce del Acre es el límite internacional entre Bolivia y Brasil y el jueves todo hacía pensar que ya se había producido el corte.

Algunos medios brasileños adelantaron que la ruptura se había concretado tras ver unas primeras imágenes del río corriendo por encima de Samahúma. Sin embargo, un sobrevuelo que ayer realizó EL DEBER en la zona sirvió para verificar que sí, la carretera fue arrasada por el río, que el agua erosionó el suelo por encima, pero que aún queda un ‘hilo’ de tierra que une a este distrito con Brasil.

Samahúma es una suerte de península circular brasileña dibujada por el cauce del Acre y que se vincula con el resto del territorio por un estrecho cuello de tierra. Pasó de ser una franja de 62 metros de ancho en 1994 para convertirse en un ‘cuello’ de 12 metros de ancho, la semana pasada, debido a la erosión causada por el río.

Desde el helicóptero multipropósito Z9 del Ejército boliviano, la franja de tierra luce erosionada pero todavía sigue allí.

Para el ingeniero especialista en hidráulica de ríos Óscar Soria, es prácticamente un hecho la ruptura de ese hilo de tierra, solo que como han bajado las aguas del Acre es menos riesgoso, aunque no descarta que en las próximas horas Samahúma termine de desprenderse de Brasil.

Para el diario 3 de Julio y para Soria, es un hecho. “Lo que ya pasó era de esperarse, el río Acre resolvió cortar camino entre dos curvas eliminando la única vinculación de la ciudad con dos barrios que se convertirán en una isla entre Brasil y Bolivia”, dice el diario digital. Sin embargo, ninguna autoridad boliviana, civil o militar, pudo llegar ayer hasta el lugar para corroborar el dato, pues la mayoría se encontraba desplazado hacia otras zonas de desastre de Pando