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El sonido es algo que nos rodea en cualquier circunstancia. Aunque es un elemento no tangible en la naturaleza, es factible de ser experimentado y, además, investigado. Un movimiento que se ha ocupado no solo de transformarlo en una disciplina, sino también de darle un sentido virtuoso es el arte sonoro.

Como parte de un intercambio de experiencias entre artistas locales e internacionales, en 2018 se desarrolló la Bienal Sonandes. Se trata de un festival internacional de arte sonoro fundado en 2014 que se dedica al fomento y difusión de prácticas sonoras contemporá- neas a través de instalaciones, conciertos, intervenciones urbanas, talleres, conversatorios y residencias de creación. Sonandes es un festival fundado por la gestora cultural y artista Guely Morató, dedicado al fomento y la difusión de prácticas sonoras contemporáneas que reúne artistas que investigan, experimentan, desarrollan y exhiben proyectos asociados al arte sonoro.

Con ya tres versiones, el evento bianual se constituye en una plataforma para nuevas propuestas sonoras, con fuerte impacto en el espacio público y un programa formativo mediante talleres, charlas y residencias. En su última versión, Santa Cruz participó por primera vez en el programa de la bienal, acogiendo una de las residencias de creación.

Realizada por Pablo Mansilla (Bolivia) y Rodrigo Ríos (Chile/Ecuador), en colaboración con dos personas invidentes, la obra desarrollada, Umbral, fue luego expuesta en La Paz durante un mes. La residencia se llevó a cabo en inmediaciones de Aprecia, centro de educación y rehabilitación para personas con discapacidad visual, baja visión y discapacidad múltiple. El miércoles 27 de febrero se presenta el catálogo del joven festival en la biblioteca de Kiosko Galería (Arenales # 315), a las 19:00.

El libro reúne sus tres versiones con contenido teórico. Se trata de seis textos de autores internacionales, uno de los cuales, Fernando Godoy, se encuentra en este momento en residencia artística en Kiosko. También escribe Óscar Soza Figueroa (ozZo), artista sonoro residente en Santa Cruz y cofundador del colectivo ARTErias Urbanas. Ambos estarán en la testera para presentar el libro, al igual que Pablo Mansilla, que hablará de su experiencia como artista residente.

La publicación de 120 páginas contiene, además de dichos textos, la documentación completa de obras participantes en la bienal desde 2014, con biografías y descripciones e información sobre talleres, charlas y colaboratorios realizados. Rodrigo Ríos es un referente de este oficio en el continente desde hace varios años. Ha participado en numerosas actividades vinculadas al arte sonoro, al que lo define como un compendio de expresiones artísticas en torno al sonido. El chileno aclara que el arte sonoro se diferencia de la música, que se la conoce como un tipo de arte per se, bá- sicamente, porque en la música siempre hay una inclinación hacia los recursos melódicos y rítmicos, y la conjunción de todos estos elementos, que derivan en la composición musical.

“Ya sea que venga desde lo docto o de las cosas más experimentales, la música busca siempre un mismo resultado. En cambio, el arte sonoro, a pesar de que puede poseer cierta estructura con un clí- max y una resolución, en general tiene más que ver con texturas, duración y formas”, explica Ríos. El arte sonoro, de alguna manera, es un arte que por definición es nuevo. Nace de la intersección de la música experimental de los años 50 y 60 en EEUU con los movimientos artísticos de esa época. Uno de ellos era Fluxus, una especie de colectivo, creado por George Maciunas en el que participaba la artista conceptual japonesa Yoko Ono