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Este martes es 1 de diciembre y si no lo escuchó hoy lo hará en los siguientes días: "qué rápido pasó el año", "el año se fue volando". Es posible también que algunos crean que no es así, que por el contrario le digan que los meses pasaron lentamente y este 2015 se está marchando a cuentagotas. Entonces, ¿de qué depende nuestra percepción del tiempo?

Los científicos aseguran que el paso del tiempo y su percepción se alteran con la edad. La regla general es que mientras más años tienes sientes que el tiempo pasa con mayor velocidad. 

Por ejemplo, en un experimento publicado por la BBC, se pidió a una persona de 20 años y a otra de 70 qué adivinen cuándo pasó un minuto sin contar. El joven tuvo más precisión en el tiempo exacto mientras que la otra consideró que esos 60 segundos pasaron más rápido.

La ansiedad y el tiempo

Sin embargo no es tan fácil como parece, ya que el tiempo se mide a distintas escalas y diariamente. Los neurólogos no han logrado determinar con exactitud el área específica del cerebro que "mide" el tiempo y nos hace comprenderlo. 

Así, a pesar de la edad que uno tenga, aquellos momentos en que nos sentimos más contentos pasan rápidamente en relación a otros más aburridos o que tienen alta carga emocional o dramática.

Según una investigación publicada por la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, la ansiedad es un factor determinante en la percepción del tiempo.

Tener metas en conflicto provoca ansiedad en las personas, lo que las lleva a deformar la percepción del tiempo. Por un lado la ansiedad puede hacer creer que los minutos pasan más rápido (por ejemplo quién debe presentar una tarea y falta poco para el plazo); pero también puede provocar que los segundos se sientan como horas (un hincha que ve los últimos cinco minutos de un partido de fútbol).

Como solución al problema, los investigadores, dijeron que los ejercicios de respiración podrían restaurar el sentido de percepción del tiempo real de las personas.

En otro experimento, difundido por la revista "Muy Interesante", el investigador Michael DeDonno, de la Universidad Case Western Reserve, dividió tareas en dos grupos. Al primero se le pidió que la realizara en un tiempo insuficiente. El segundo grupo debía resolver la misma labor sabiendo que tenían el tiempo necesario.

Los resultados mostraron que los participantes que creían no tener tiempo eran mucho menos eficaces y se desenvolvían peor en sus tareas que el resto de sus compañeros.

Reconociendo la diferencia

Ahora, es fundamental diferenciar en la apreciación del tiempo en una actividad precisa, el trabajo por ejemplo, y la de la velocidad de los meses y la de los años.

Claudia Hammond, columnista de BBC explica que el ser humano evalúa el tiempo de dos maneras. Primero de forma prospectiva, cuándo nos preguntamos qué tan rápido pasa la hora o un evento en curso; y de forma retrospectiva, cuándo analizamos el lapso de tiempo que pasó entre un día y otro, o en los doce meses del año.

En la vejez los días se sienten a velocidad media (forma prospectiva), pero cuándo miramos atrás y vemos que los cumpleaños llegan más rápido o ciertas fiestas regresan velozmente sentimos que el tiempo se "fue volando" (forma retrospectiva).

Es esta última forma de concebir el tiempo la que provoca que cada año sintamos que el tiempo se nos está yendo cada vez más rápido.