Opinión

Octubre, del mar y de la democracia

El Deber Hace 10/11/2018 8:00:00 AM

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Los octubres, marcan hitos difíciles de olvidar. El fallo de La Haya derrumbó la expectativa ciudadana cuidadosa, desproporcionada y demagógicamente inflada, desde que Evo anunciara, sorpresivamente, la judicialización de la causa marítima hace cinco años. Se esfumó una aspiración, por más de un siglo macerada y convertida en razón de fe y unidad de la familia boliviana. La del Pacífico, como toda guerra injusta caló profundo, no solo en Bolivia, sino también en Perú, hermano en la derrota usualmente ignorado.

Como toda derrota, debiera digerirse con inteligencia y dignidad. No corresponde descalificar el fallo a viva voz ¡Si días antes, en la Asamblea de la ONU, el mismísimo Evo pedía reconocer el dictamen de la CIJ! Ahora resulta que quienes demandan templanza y autocrítica son traidores y “prochilenos”.

Lo cierto es que Evo y su entorno tomaron definiciones y embarcaron a todos, ex jefes de Estado, y al país, en una estrategia y línea doctrinaria cuya lógica jurídica no tenía retorno. Apuesta riesgosa nada ortodoxa en el derecho internacional e impertinente considerando el desorden e ingobernabilidad global.

Demos vuelta la página, ejercitemos resiliencia y capacidad de digerir el trago amargo cuyo maximalismo, del todo o nada nos dejó hoy por hoy sin esperanza. Basta de berrinches, inventos creativos y victimización chovinista. Ilo, Puerto Busch y la promesa de futuro de la Amazonia nos esperan. Soñemos correctamente.

Pero octubre no da respiro. Y la democracia ¡sí importa! A 36 años de su instauración en el país, se avizoran tormentas y el inminente riesgo a desandar lo avanzado. Hoy salgo a la calle para expresar mi rechazo a la impostura y al irrespeto a la decisión soberana del 21-F.

El autócrata bipolar parapetado en el Olimpo ya no goza del alineamiento favorable de los astros. Concluyó su obra humana, la retórica de medias verdades y la confabulación de enemigos reales e imaginados. Sin Evo, no hay diluvio que temer. Ya tuvimos suficiente con la garua de 13 años de discrecionalidad, despilfarro, corrupción, injusticias, trampas y desencantos envolventes. Si algo de bueno y lugares comunes tiene la agenda 20/25 y lo obrado, ello ya no es monopolio del MAS ni Evo su Demiurgo. Bolivia y el mundo ya lo saben, nuestro presidente no es un hombre de palabra.

Prohijó el festín clientelar y la ley de los más fuertes, hizo de la victimización y el conflicto su arma y del bloqueo un ritual inevitable y contagioso.

Mañana será otro día. Guste o no, las primarias espurias apremian. No dan tregua, hay señales de esperanza, atisbos de apertura, unidad y algo más de tolerancia frente a la marginalidad de los radicales de ambos extremos, eterna y tóxicamente descontentos.