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Más de un millón de devotos católicos salieron a las calles de la capital filipina para acompañar la procesión del Nazareno Negro, uno de los principales eventos religiosos del país, a menos de una semana de recibir la visita del papa Francisco.

La procesión, que parte desde primeras horas de la mañana hasta
bien entrada la noche, recorre algunas de las zonas más antiguas de
Manila.

Descalzos, agitando pañuelos blancos, los peregrinos acompañaron enfervorizados al famoso Cristo, fabricado por un carpintero mexicano en 1606 y llevado a Filipinas en 1607 por un sacerdote español.

"El señor me curó", explicó Lina Javal, de 58 años, mostrando una larga cicatriz en su garganta, la huella de una operación sufrida el mes pasado.

Lina Javal, que esperó varias horas para poder besar la escultura, rebosaba de emoción. "Es una sensación extraordinaria, como si el espíritu hubiera entrado en el cuerpo", dice.

El papa Francisco visitará a partir del 15 de enero este país de 100 millones de habitantes, de los cuales 80% son católicos.

Los organizadores indicaron que tardaron más de dos horas para
hacerse con el control de la situación
debido a la gran multitud de
beatos que acuden a la cita anual, apunta el diario "The Inquired".

Al menos una persona ha muerto por un ataque al corazón cuando se
encontraba cerca de la estatua, señaló Johnny Yu, portavoz de la
Agencia de Gestión y Reducción de Riesgo de Desastres.

El papa Francisco visitará Filipinas, bastón del catolicismo en
Asia, del día 15 al 19 y está previsto que se desplace hasta la
ciudad de Tacloban, que hace poco más de un año fue arrasada por el
tifón Haiyan.

El 90 por ciento de los 120 millones de filipinos profesan la
religión cristiana
, de las que el 80 por ciento pertenece a la
Iglesia católica y el 10 por ciento restante a otras denominaciones
cristianas.

El Nazareno Negro llegó a Manila el 31 de mayo de 1606 en un
galeón procedente de Acapulco que, según la leyenda, se incendió
cerca de la costa filipina.


Una creencia popular sostiene que el calor de las llamas otorgó
al Cristo su característico color negruzco
, aunque otra versión
atribuye la peculiaridad a que el artesano mexicano que la talló
quiso estampar su misma tonalidad de piel a la obra.