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Miles de personas fueron testigos en el estadio Azteca de la despedida de uno de los máximos exponentes de la música regional mexicana, don Vicente Fernández, el único artista de actualidad capaz de romper con estereotipos y clases sociales al reunir a más de 80 mil almas en su concierto Un Azteca en el Azteca.

En punto de las 21:19 horas el intérprete arribó al escenario ante los gritos y aplausos de los presentes; 6 pantallas gigantes anunciaron su llegada proyectando unas de las pasiones más grandes de “Chente”, el campo y los caballos.

Enfundado en un elegante traje de charro color negro con filos de oro, pisó el templete y sin perder un solo instante comenzó a entonar No me sé Rajar, para seguir con Ojalá que te Vaya Bonito, Pasaste a mi Lado y Mujeres Divinas; no sin antes agradecer al público el cariño que le ha regalado durante todos estos años: “Yo siempre he creído que habemos dos clases de gente. Los ricos muy pobres y los pobres muy ricos, yo soy un pobre al que ustedes hicieron grande”, expresó entre lágrimas y con la voz entrecortada Vicente.

Minutos más tarde, el cantante habló de su hijo menor, refiriéndose a Alejandro Fernández, palabras que hicieron estallar en alaridos al público. Juntos padre e hijo cantaron Paloma Querida y No Volveré, después “El Charro de Huentitán” cedió el micrófono a su vástago en lo que se iba a cambiar, momento que aprovechó “El Potrillo” para mencionar que su padre es un grande y que por siempre será “El Rey”, al tiempo que seguía con el show cantando: Mátalas y Mi Viejo con de dedicatoria especial para su progenitor.

Vicente Fernández en compañía de su hijo Alejandro Fernández, se presentó por última vez en un escenario para deleitar a todos sus fans con el concierto.

A la voz de “Chente, Chente, Chente” siguió transcurriendo la velada entre aplausos, lágrimas, porras, videos de fanáticos despidiéndose de su ídolo y muchos otros que más que despedirse pedían a la estrella no dejar los escenarios.

En las puertas de salida lo mismo se veía personas sonrientes que envueltas en llanto, pues según comentaban iban a extrañar a su ídolo.