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19/04/2015

Gregoria Vargas Vargas nunca imaginó formar parte del reparto de la película Los 33, que recuerda los 70 días que estuvieron atrapados 32 mineros chilenos y uno boliviano en la mina San José, en la región de Atacama (Chile) en 2010.

Esta chuquisaqueña fue contratada para personificar a Verónica Quispe, la esposa de Carlos Mamani, el único sobreviviente extranjero del encierro a 700 metros de profundidad.

“No sé quién dio mi número de celular. Me llamaron y me dijeron que un Diego me iba a buscar. Yo le dije que estaba en la sala de juegos del casino”. Ella, ese año, era encargada de la limpieza en el Hotel y Casino Antay de la ciudad de Copiapó.

“Yo me asusté. Que te llamen personas desconocidas y que quieran hablar contigo… me puse a temblar.

Llegó ese Diego y era un caballerote, santiaguino era”, refiere al indicar que le hizo conocer que estaba buscando gente boliviana para que participara en la película. De inmediato le dijo que ella sería la esposa de Carlos Mamani y aceptó.

Para personificar a la madre de Mamani contrataron a una cochabambina. “Carol es su nombre, no recuerdo su apellido, ahora trabaja en Santiago”, dice Gregoria.

Y para dar vida al minero boliviano, los productores de la película contrataron a un chileno. “Su nombre es Mario”, dice Gregoria.

Por el trabajo de un día en la película dice que le pagaron muy poco, “Solo 15 lucas me dieron”, dice con resignación. Son 15.000 pesos chilenos, alrededor de 24 dólares.

“Mis amigas me dijeron que me pagaron muy poco, que me podían haber pagado más, bueno no importa. Mi jefe me dijo que será un bonito recuerdo para mí”.

La película será estrenada el próximo 6 de agosto en Chile.

Vida de migrante

Para Gregoria Vargas, la vida de migrante no es fácil. “Es horrible, a veces se sufre”, comenta. Ella llegó por primera vez a Copiapó (Chile), en octubre de 2013. Después de participar en la película en febrero, en abril de 2014, retornó a Santa Cruz.

En marzo de este año volvió a Chile. ¿Por qué retornaste a Chile? le preguntamos. “Por necesidad, allá no puedo ganar como aquí. En Bolivia hay que ‘matonearse’ para conseguir algo”, responde.

Ahora gana alrededor de 312.000 pesos chilenos, unos $us 500, pero ese salario lo compensa con las propinas.

En Chile está con su esposo Crispín Soto, que trabaja como albañil. Su hijo José Armando está por cumplir 13 años y vive con la madre de Gregoria.


Vida de migrante

Por su parte, Mamani, que fue denunciado en octubre de 2013 por un supuesto caso de violencia familiar, volvió a la actividad minera.

Mamani, luego de su rescate, fue homenajeado por el presidente Evo Morales, que le ofreció trabajo y vivienda en Bolivia, pero él lo rechazó.
“He vuelto al psicólogo, estoy en terapia”, confiesa al revelar sus traumas.

El nacional estuvo colaborando con los residentes bolivianos afectados por el aluvión de Copiapó