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Nuevamente, el agente secreto Johnny English (Rowan Atkinson) entra en escena. Esta vez él es la única esperanza, luego de que un ataque cibernético dejará en evidencia las identidades de todos los agentes encubiertos activos de Gran Bretaña. Como único miembro del Servicio Secreto, el agente English se lanza en una maratónica misión para descubrir al pirata cibernético.

La tercera entrega de la saga de English encuentra a un agente retirado, que para esta misión debe dejar su trabajo como profesor de alumnos de secundaria, que aprenden en secreto trucos, frases y movimientos.

El problema, para el agente de las gesticulaciones exageradas y ademanes pronunciados, son sus nulas habilidades en el uso de la tecnología. Y ahí radica la mayor dificultad porque se trata de encontrar a un hacker, lo que con métodos análogos se le pondrá cuesta arriba.

Los amantes del personaje más conocido de Atkinson, Mr. Bean, estarán felices con esta nueva película, donde los chistes, las metidas de pata y el humor, apoyado en los embrollos más inesperados, son parte clave de la trama.

English es un personaje que lleva toda la genialidad de Atkinson al mundo del espionaje, la acción y las misiones secretas. La película está hecha para los amantes de las explosiones y el riesgo, del que se puede salir en las más absurdas circunstancias.

Las peripecias de English, que es acompañado por su compañero espía, la agente Bough (Ben Miller), se desarrollan por el sur de Francia e Inglaterra. Ambos tienen que saltar una serie de dificultades para encontrar al malhechor cibernético.

Su recorrido muestra al espectador un fascinante paisaje mientras viajan por las carreteras montañosas, para luego infiltrarse en una lujosa mansión en Londres, mientras interactúan con los otros personajes, la primer ministra británica (Emma Thompson) y el villano supermillonario de Silicon Valley (Jake Lacy).