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Viena. Desde allí, la modelo paceña Clarita Ivanna Velarde (23) conversa con EL DEBER. Dice que sufrió de bullying por su ojo de vidrio (prótesis ocular), que le pusieron a sus apenas ocho años, después de ganarle al cáncer. Pero eso no le impidió superarse. Concluyó el bachillerato y se graduó en Cosmetología, pasión que comparte con su madre. Y se subió a las pasarelas austriacas, donde se llamó Bolivia.

Recientemente un cibernauta volvió a hacerle bullying en Facebook y ella respondió con madurez haciendo un video para contar su historia y así llegar a las personas que pasan por aquello.  

¿A qué edad te enfrentaste a la enfermedad?
Me enfermé cuando tenía casi cinco años y me operaron una vez en Bolivia. 

¿Por qué tus padres buscaron ayuda en Viena?
Necesitaba una segunda operación. Nos vinimos primero con mi madre y después con mi familia. Tardamos mucho en encontrar al médico, porque no hablábamos alemán, fue todo complicado, pero gracias a Dios y al doctor Armin Ettl y a la organización Kínder Krebs Hilfe, que cubrió todos los costos me operaron y todo salió bien; me restauraron el párpado y me otorgaron una prótesis para mi ojo izquierdo.

¿Cómo incursionaste en los certámenes de belleza?
Estuve en tarimas desde pequeña; cantando, bailando, tocando algún instrumento o desfilando. Aquí desfilé en varios eventos y para la diseñadora Betty de la Cruz. De estas participaciones recibí la invitación para inscribirme al Miss América Latina Austria. 

¿Cómo te fue en el concurso?
Representé a los residentes bolivianos a finales de 2017 y obtuve uno de los tres títulos principales, entre 11 participantes, el de miss América Latina.

¿En el certamen de belleza tuviste que ocultar el tema de tu prótesis ocular?
No, nunca lo oculté, cuando ingresé al certamen comenté sobre mi ojo a la organización y al fotógrafo, porque él me podía ayudar a tener un mejor ángulo. 

¿Qué te dijeron?
Me sentí apoyada por todas mis compañeras y por la organización; es más, me decían que si no les hubiera dicho, ellos ni se habrían dado cuenta. 

¿Sufriste bullying por tu prótesis?
En mi niñez, sí. En el colegio nos obligaban a contar los problemas de salud que teníamos para que los profesores actúen en una emergencia, así que mis compañeros sabían y me preguntaban  por qué mi ojo era de vidrio, pero yo pienso que lo hacían más que todo por curiosidad. De niña no sabía cómo explicar mi situación y me afectaba mucho. Esto ya no pasaba en grande, hasta hace unos meses que me hicieron bullying en las redes sociales. 

¿Qué pasó?
Recibí un mensaje privado de un señor que se refería a mi problema. “Mejor que tu ojo no te está fallando, cuidado que se te caiga porque si se cae eso va a ser de terror...”, escribió. 

¿Qué fue lo primero que pensaste?
Me afectó en un principio y me costó tomar la decisión de dar a conocer el mensaje.

¿Qué hiciste al respecto?
Siempre he querido demostrar que una enfermedad o la pérdida de un órgano no es motivo para ocultarse, siempre he estado al frente demostrando que soy fuerte. Así es que decidí publicar un video donde hablo del mensaje que recibí, no con la intención de victimizarme, sino de ayudar a la gente con mi testimonio. Y lo conseguí, me escribieron muchas personas con el mismo problema preguntándome dónde me intervinieron, cómo pueden hacerse operar ellos, si hay la posibilidad de tratamientos en este país y otros mensajes diciéndome que les di mucho ánimo y fuerza. 

¿Cómo fue tu adolescencia?
Me deprimí en esta etapa. Pensaba en cómo me iba a maquillar y si utilizaría algún producto que no me hiciera daño o me preguntaba: ¿Será que un chico me querría así? 

¿Tenés cortejo, cómo te fue en el amor?
Tuve mi primer novio a los 18 años, fue una relación muy bonita y normal. Ahora estoy soltera y concentrada en mis estudios y en el salón de belleza.

¿A qué te dedicás?
Soy cosmetóloga profesional. Tengo un salón en sociedad con mi mamá llamado Friseur Salon Mercy, que queda en la calle Schönbergplat, en Viena.

¿Tiene que ver con tu enfermedad para que hayas escogido esta carrera?
Un día una señora fue a mi salón y me dice que solo necesitaba que le arregle el cabello. La vi un poco triste, así que le ofrecí maquillarla. Ella aceptó, se vio al espejo y lloró. Me decía a mí misma: ¿qué hice?, pero la señora, lloraba de alegría, porque era la primera vez, en seis años, que se maquillaba por su enfermedad. Ese día entendí que con mi profesión también podía ayudar a las personas a sentirse bien tanto por dentro como por fuera, solo con el maquillaje. 

¿Estás relacionada con el cáncer, después de todo lo que viviste?
Sí, me gustaría tener una fundación para ayudar a los niños bolivianos con cáncer, porque viví las limitaciones en atención médica que hay en mi país. Por el momento solo es un proyecto, pero está pendiente.

¿Tenés planes de volver a Bolivia?
Sí, el año pasado regresé después de 15 años en Austria y fue lo máximo. Pasé cuatro meses con mi familia. Mi país me recibió nuevamente con los brazos abiertos. Volveré en el verano.