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El 1 de este mes cumplió 91 años, con la satisfacción de ver formada a su familia con sólidos principios cristianos y una vocación hacia la actividad agropecuaria, a la que considera el centro y vértice de su existencia. Con ocasión de la posesión del nuevo directorio de la CAO, recibió la medalla al Mérito Agropecuario, que significa el reconocimiento a un productor de 91 años que supo transformar y modernizar su hato ganadero entre los años 50 y la actualidad.
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¿Cómo considera el galardón que le otorgó la CAO?
Es un honor que no esperaba. Un halago que recibo con alegría, y que me conduce a mirar el camino recorrido desde 1943, cuando yo tenía 19 años y decidí incursionar en este campo, haciendo viajes penosos donde mi familia desarrolló, concretamente en la hacienda central denominada Quebrada Blanca, hoy parte de Guarayos, una extensa ganadería y una agricultura que permitía la producción de miles de kilogramos de azúcar que se comercializaba, llevando en carretones por tierra y embarcaciones por río, en Beni y Santa Cruz,

¿Cómo era la ganadería en la década de los años 40?
Muy rústica. Demandaba mucho trabajo y una entrega total. Quebrada Blanca queda a 230 kilómetros de Santa Cruz. Los caminos eran pésimos, y en el trayecto se enfrentaba el peligro del ataque de los bárbaros. Pero había que recorrer la ruta para conseguir insumos, o el traslado de ganado para vender, enfrentando jornadas de más de 30 días de arreo a lomo de mula.

La actividad ganadera ha cambiado, ¿cómo la describe?

Basta la simple comparación entre lo que menciono respecto a ese pasado cuando el transporte de ganado era arreado por decenas o cientos de kilómetros, como por ejemplo, lo que significaba traer las reses desde San?Matías. Lo máximo en materia de apoyo fue cuando llegó el ferrocarril desde Brasil. Se podía embarcar a los animales en jaulas, pero era de los pueblos cercanos a la ferrovía. Ahora se cuenta con la ayuda de las carreteras, donde se transportan los ejemplares en camiones de todo tamaño, o la carne en avión, se tiene la ventaja de las investigaciones en el mejoramiento genético y el apoyo de médicos veterinarios, productores y expertos en la sanidad animal, todo esto no existía en la década de los 40, pero teníamos el desafío de convertir la ganadería y la agricultura en quehaceres prósperos y rentables.

Usted calificó a Quebrada Blanca como hacienda central, ¿era el nexo con otras?
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Para transportar los productos que sacaban
a vender, utilizaban
10 carretones
,
Cuando se
arreaba ganado para vender,
la comida
era locro de
charque picado
,

Así es, porque era el centro de 11 estancias de propiedad de la familia Ruiz, de mi padre. Son las propiedades Holanda, San Antonio, Surucusi, Providencia, Chocolatal, Laguna Señora Cure, San Rafael, Los Patos, Los Cusis y Mundo Nuevo.

¿Cómo la describiría?

Era una hacienda modelo para esa época, por su organización y nivel de productividad. En ella se producía más de 1.500 hormas de azúcar en cada zafra, donde cada horma significaba la cantidad de 12 chipenos, cada uno con capacidad de 40 kilogramos. El chipeno era una vasija de arcilla, casi como una tinaja corriente.

Se producía además carne, hilados de algodón de nuestra propia siembra y productos lácteos, actividades que demandaban el trabajo de más de 1.000 personas que vivían en la estancia, a las que se debía proveer de alimentación diaria, vestimenta, manutención y educación para los hijos