Opinión

Los enredos de un comandante

El Deber Hace 12/20/2017 8:00:00 AM

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Una Policía profesional, con jefes y colaboradores profesionales es lo que necesita un país que apunta a ser serio. En cambio, si su máximo comandante pierde la compostura, seguiremos lamentando tener una Policía desprestigiada y poco confiable para los ciudadanos.
Ha sido penoso ver al jefe nacional, Abel de la Barra, exponiéndose sin rubor junto a los funcionarios públicos y los militantes masistas en el acto de proclamación de la candidatura del presidente Morales para otra reelección. Más penosos han sido todavía sus intentos desesperados por aclarar o explicar lo inexplicable a los medios de comunicación. 

Siempre ha rondado la sospecha de que los méritos académicos y profesionales pesan menos que los políticos para los nombramientos policiales, tanto en este como en anteriores gobiernos; sin embargo, nunca, o casi nunca antes, se constató un sometimiento tan explícito de un comandante a los intereses del oficialismo, pese a que horas después De la Barra trató de disimularlo nerviosamente para contener la avalancha de críticas. Se desprestigian él y la Policía con sus contradictorias justificaciones. Se desgasta el propio Gobierno por la triste sumisión de un jefe policial que nunca debió perder la cordura. El apoyo abierto del comandante a las aspiraciones electorales del presidente resta en vez de aumentar la aprobación popular a la intención de Morales de mantenerse en el poder.

Los enredos de la autoridad en un acto proselitista terminan poniendo en tela de juicio el propio ordenamiento jurídico del país que busca librar de la contaminación política a una entidad tan importante. La Constitución Política del Estado es clara en su artículo 251, parágrafo II, al sostener que como institución la Policía no delibera ni participa en acción política partidaria. También es contundente la Ley 101 de Régimen Disciplinario al señalar como falta grave el que un policía haga pública ostentación de su militancia política mediante proselitismo en las unidades, estando de servicio, agravándose si se encuentra de uniforme o si cumple funciones de mando.

En su descargo, el cuestionado comandante argumenta que no estaba de uniforme y que solo acudió a vigilar la masiva concentración. Para liberarse de las críticas, ha explicado de forma poco convincente que estuvo en el lugar con los colores de un equipo italiano de fútbol, lo que le pone más pimienta a su confusa justificación. Lo que no ha podido borrar es su polémica declaración de respaldo al “proceso revolucionario” de Morales. Aunque un policía goza de los derechos políticos como cualquier ciudadano, hubiera sido mejor que exprese en las urnas sus preferencias, sin comprometer la necesaria neutralidad de una institución fundamental. La imagen policial se deteriora y probablemente no habrá ninguna acción para reivindicarla.