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Texto integro del discurso de Carlos de Mesa Gisbert ante el Congreso Nacional de Bolivia la noche del 17 de octubre de 2003:

Queridos compatriotas, Honorables miembros de este Congreso Nacional

Me toca asumir la Presidencia Constitucional de la República en un momento crucial de nuestra historia. Pocas veces en nuestro pasado la Nación ha afrontado un momento como este.

Hoy, me embargan tres sentimientos que nacen del corazón: el dolor, la esperanza y la fortaleza.

Mi primera obligación, compatriotas, es rendir mi más profundo, sentido y admirado homenaje a las mujeres y a los hombres de Bolivia que en estos días dramáticos ofrendaron su vida por la patria, por la democracia, por el futuro y por la vida.Quiero pedirles que nos pongamos de pie y que guardemos silencio para rendirles homenaje.

Una vez más el pueblo boliviano se define como un pueblo con convicción por la libertad, por la preservación de su integridad, por la soberanía, por la lucha permanente por estos valores. Sobre todo, por una democracia para todos.

Este es el escenario sobre el que tenemos hoy que construir nuestro futuro. Es indispensable que entendamos cómo debemos concebirnos como ciudadanos y cómo hacerlo en este espacio, bajo el manto de la bandera boliviana y como bolivianos.

Bolivia es una nación compleja, plural y diversa. Solamente se la podrá construir sobre su pluralidad y sobre su diversidad, pero si no incluimos el concepto de unidad a los otros dos conceptos esenciales, no seremos capaces de preservar, como nos pidió el Mariscal Antonio José de Sucre, la integridad de la Nación. “Solo un premio le pido a la Patria”, nos decía el Mariscal Sucre, y este es, preservar su unidad.

Pero no podemos mirar a Bolivia si no miramos a quienes durante siglos han estado excluidos, si no los miramos en la lógica de darles respuestas a lo que no es otra cosa que una legítima demanda, un legítimo derecho, el de su presencia, que sean de verdad ciudadanos de primera en un país entre iguales. Y Bolivia no es todavía un país entre iguales. Debemos ser capaces de entender al país, a partir de pueblos como los quechuas, los aymaras, los guaranís, y todos los pueblos que habitan nuestro territorio, que han construido con su sangre hasta ahora una historia de desigualdad que estamos obligados a reparar.

Sería sin embargo insuficiente concebir a Bolivia exclusivamente en ese escenario y en ese contexto. Bolivia ha crecido -y hay que dar gracias porque eso haya ocurrido- para integrarse en el escenario geográfico de su totalidad territorial. Esa totalidad ha unido al occidente, al oriente, al norte y al sur, pero no todavía con la cohesión indispensable para concebirnos como una unidad en la diversidad. Hemos construido juntos, a pesar de nuestras diferencias, a pesar de esa discriminación y desigualdad no resueltas, un escenario de presente mucho más amplio que aquel que tuvimos en 1825, incluso con el dolor y la paradoja de las pérdidas territoriales de la Nación. Ya nadie puede discutir hoy, que nuestro oriente, Pando, Beni, Santa Cruz, son parte fuerte, necesaria, extraordinaria de la Nación Boliviana; como nadie puede discutir hoy que Tarija, Chuquisaca, Cochabamba, Potosí, Oruro y La Paz, son partes de un todo que no puede ni debe concebirse por separado.

Seamos capaces de mirar al país en un momento como este sobre la base de la unidad, seamos capaces de entender desde el occidente que nuestra visión tiene que compartirse con la visión del oriente, del norte y del sur. Seamos capaces desde el oriente -hoy una región creadora, admirable, generadora de riqueza- de entender que solamente aceptando la inclusión y la integración podremos vernos como un todo.

Quiero hoy, porque a nadie se le escapa que la unidad de Bolivia está en riesgo, convocar al conjunto de los bolivianos a entendernos, a respetarnos unos a otros, a ser capaces de poner el hombro uno al lado del otro en este escenario común que nos cobija. Nos estamos jugando el destino y el futuro, si no entendemos eso, no entenderemos por qué es indispensable desprendernos de egoísmo, mezquindad y cálculo. Entender que los viejos odios solo se resuelven en la construcción de un escenario de paz. Por eso invoco hoy, en un momento tan duro y tan difícil como este, a todos y cada uno de ustedes, compatriotas, a reconstruir la paz que ha estado a punto de perderse en estos días terribles. Sólo con la idea de una paz anclada en el respeto a los derechos humanos y en el respeto a la vida, que es el bien y el don más preciado que tiene cualquier ciudadano, es que podremos entender una Nación que solamente tiene sentido si garantiza la vida como valor sagrado y les da una vida digna a sus mujeres y a sus hombres.

Esta invocación a la paz exige un desarme inmediato. Esta invocación a la paz demanda, sobre la base de una propuesta sensata, racional, comprometida y transparente de mi parte como Presidente de la República, que seamos capaces de empezar hoy mismo rompiendo los escenarios de confrontación en cualquier punto del país, donde esos escenarios de confrontación se hayan planteado.

Quiero mencionar ahora cuáles son los desafíos a los que tenemos que responder de manera inmediata y que en muchos sentidos han surgido y confluyen a partir de los acontecimientos que nos ha tocado vivir en las últimas semanas. Mi gobierno tiene varios desafíos que nacen de las demandas planteadas por todos y cada uno de los bolivianos.

Mi gobierno tiene el desafío de responder al tema del gas, que no puede responderse sin la participación del conjunto de los bolivianos y de las bolivianas. Tiene que ver con el futuro y con nuestra viabilidad de corto y mediano plazo, cuando menos. Lo que decidamos en torno a esta riqueza natural será decisivo para nuestro desarrollo interno y para nuestro relacionamiento con el mundo. Cuando tomemos la decisión debemos pensar en lo que ésta implica. La demanda de la sociedad boliviana ha sido un Referéndum vinculante y la respuesta del presidente Carlos Mesa es mi compromiso de llevar adelante un Referéndum vinculante sobre nuestros hidrocarburos. Este es un aspecto fundamental. Ojalá seamos capaces de responder en ese Referéndum con conciencia, sin manipulaciones de una y de otra parte, sobre un debate abierto, limpio, transparente y comprometido de todos y cada uno de nosotros para defender de verdad las ideas que creemos que hacen mejor y más comprensible la respuesta que la ciudadanos tienen que dar. Este Referéndum tiene que hacerse sobre la base de la importancia de los hidrocarburos y su administración. En este contexto también debemos trabajar en una modificación de la Ley de Hidrocarburos y en un análisis en profundidad de lo que hasta ahora ha representado el proceso de Capitalización.

El otro elemento central, el verdadero nudo que tenemos que ser capaces de desatar para la construcción del nuevo país que necesitamos, es la demanda de convocar a una Asamblea Constituyente. ¿Qué quiere decir Asamblea Constituyente? Y aquí quiero reconocer claramente algo. Ustedes colegas parlamentarios y el país, lo saben. Originalmente no fui proclive a la Asamblea Constituyente dada mi visión de lo que es una Constitución. Pero un ciudadano, y eso es lo que soy, debe expresar una opinión y escuchar las opiniones del conjunto de la sociedad. Indudablemente el escenario histórico de hoy, demanda un diseño de sociedad distinto del diseño de sociedad que nos ha llevado hasta donde hoy estamos. Una Asamblea Constituyente ahora, quiere decir que vamos a discutir qué país queremos y cuáles son las reglas del juego sobre las que este país va a funcionar una vez que ese proceso se lleve adelante. Esto quiere decir que todos y cada uno de nosotros, debemos llevar a la Asamblea Constituyente elementos centrales de forma y de fondo que definirán temas esenciales sobre nuestros recursos naturales, sobre la tierra, sobre la concepción de la participación democrática ciudadana, sobre la estructura del funcionamiento de un mecanismo de representación como es el Congreso Nacional, sobre todos los temas que nos importan.

Quiero mencionar aquí la propuesta nacida en el Departamento de Santa Cruz. Una propuesta que busca la refundación de Bolivia. Quiero destacar que justamente la creatividad expresada en esa propuesta de país, tiene un punto de partida en un escenario geográfico e histórico tan vital como es Santa Cruz. Quiero recordar también que en este mismo Parlamento, cuando se planteó la discusión sobre ese documento, nació una respuesta del occidente de Bolivia, de partidos políticos distintos, que decían: es una base de discusión. Esa base de discusión, por supuesto, debe ser enriquecida en todos los ámbitos de la Nación, tiene que ser planteada a partir de una concepción transparente, porque nos estamos jugando el futuro, y eso implica responsabilidad, racionalidad, pero también firmeza en los principios que cada uno de nosotros defiende en torno a la Asamblea Constituyente.

Por eso planteo como una obligación de mi gestión presidencial, el encontrar el camino adecuado para tener una Asamblea Constituyente que defina en un plazo corto, pero en un plazo acotado razonablemente, lo que va a ser la concepción de nuestro futuro.

Otro tema fundamental es la temporalidad de mi gobierno. La Constitución Política del Estado y el mandato que este Congreso me da, en función de lo que dice un artículo específico de su texto en el caso de la sucesión constitucional, indica que mi mandato debe concluir el 6 de agosto del año 2007. Quiero proponer formalmente al Congreso Nacional la consideración de un tiempo de transición histórica que nos permita dar una respuesta a estos dos desafíos mencionados y que nos permita convocar a elecciones transparentes, creíbles y efectivas para consagrar a un nuevo Presidente en un tiempo que este Congreso y el Poder Ejecutivo que va a comenzar a trabajar, traduzca como razonable.

Pero quiero decirles también claramente que yo entiendo que mi obligación es presidir un gobierno de transición histórica que responda a estas demandas. Dejo planteada esta propuesta al Congreso de la Nación para que podamos estudiar con serenidad el espacio y el tiempo del desarrollo de esta gestión.

Toco ahora una cuestión crucial para el país y quiero pedirle a este Congreso y a los partidos políticos que lo representan, una acción de sacrificio, desprendimiento y compromiso con la Patria. Creo que los bolivianos que me ven hoy como Presidente de la República quieren un gobierno con las mejores y los mejores bolivianos, y eso quiere decir un gobierno que tenga un Poder Ejecutivo que no cuente con la participación activa de ningún partido político. Un gobierno desprendido de la militancia partidaria es un gobierno que tiene que recuperar credibilidad para los partidos políticos. Estoy absolutamente convencido de que la democracia solo se puede entender a través de partidos políticos fuertes creíbles, transparentes y renovados. No estoy planteando una acción contraria a la política sino un escenario de recuperación de la credibilidad perdida por el Poder Ejecutivo, el Parlamento y en consecuencia por los partidos políticos. Eso sólo será posible si ustedes, miembros de este Parlamento, apoyan mi gobierno a pesar de que les estoy pidiendo el sacrificio de que sus partidos no integren el Poder Ejecutivo. Si ustedes no me apoyan, no vamos a poder salir adelante.

Creo que todos nosotros somos conscientes de que si el país se está jugando la vida, tenemos que estar dispuestos a dar todo para que no la pierda. Ustedes saben, tan bien como yo, que está en cuestión nuestra viabilidad como estructura democrática creíble y construida para el largo plazo. Los partidos van a responder hoy al más grande desafío de su historia. Hay en este Parlamento partidos con una riquísima y admirable historia, y hay partidos nuevos con unos increíbles y grandes desafíos, todos por igual corren el riesgo de que el país les de -nos de- la espalda. Seamos capaces de entender que la salvación de aquello por lo que apostamos a lo largo de nuestra vida, la salvación de esas ideas, de esa estructura política en la que ustedes creyeron, pasa por la capacidad que tengan de dar generosamente a Bolivia un gobierno estable, con un respaldo parlamentario sólido y con una independencia que le permita un manejo sensato en función de los intereses del país.

Dos temas fundamentales. Fui elegido Vicepresidente de la República, entre otros aspectos fundamentales, para luchar contra la corrupción. Una tarea clara, inequívoca, sin concesiones que hará a mi gobierno, es una lucha frontal sin ningún tipo de temor contra la corrupción en cualquiera de los escenarios del Estado.

En un momento de crisis tan seria, se ha puesto a prueba nuestra institucionalidad que ha demostrado a pesar de todo -y por eso están ustedes y estoy yo aquí- que hemos preservado las instituciones centrales que permiten el avance de esta democracia hacia un horizonte de esperanza. Pero está claro que el conjunto de las instituciones del Estado Boliviano atraviesa una seria crisis y tenemos que trabajar fuertemente por la fortaleza de todas y cada una de sus instituciones y por la recomposición de la relación entre el Estado y la sociedad que, hoy por hoy, está quebrada. Tenemos que recomponer un Estado que responda al ciudadano y un ciudadano que se sienta comprometido con el Estado, porque ese Estado es el que sirve al ciudadano. Esa relación, quebrada hoy, pasa por la recuperación del cumplimiento de la ley, un tema que -ustedes saben- toqué con preocupación el pasado 6 de agosto (de 2003). Entendamos que sólo el cumplimiento de la ley, una ley igual para todos, cosa que ahora no ocurre, nos permita encarar de hoy en adelante el escenario del futuro.

Otro aspecto fundamental es la austeridad. Que la austeridad no sea palabra, que sea obra. Espero poder mostrarles en el ejercicio de la presidencia y en la administración del gobierno, que si vamos a pedir sacrificios seamos capaces de ejemplificar ese sacrificio nosotros mismos desde la administración del Estado y en particular del gobierno de la Nación.

Quiero ahora pedirle con toda humildad al pueblo de Bolivia que nos de un espacio y un tiempo para trabajar. Quiero pedir a mis compatriotas que la construcción de la paz y la recomposición de la vida como nuestro valor fundamental, comience por el desprendimiento de quienes hoy están ejercitando medidas de presión por demandas que creo que en una parte esencial este Presidente responderá desde su primer día de gestión. Si no somos capaces de desarmar nuestros espíritus en el corazón y en la acción, no tendremos posibilidades de recomponer el escenario inmediato que nos toca por delante. Es un pedido ferviente para que la paz se vea en las calles, en las carreteras, en los pueblos y en las ciudades de todo el territorio nacional, para que la paz, la garantía de los derechos ciudadanos y de los derechos humanos, nos permita un manejo de un país que funciona civilizadamente a partir del diálogo, a partir de la construcción sin presiones. Si las presiones no cesan, no podremos encarar los graves desafíos que tenemos por delante, aún sabiendo que muchas de las personas que han tomado medidas de presión, tienen demandas que van más allá de esta coyuntura y que se remontan a un largo y doloroso pasado. Hagamos un esfuerzo, desprendámonos de nuestras posiciones, la de cada uno, para que la discusión de esas demandas hoy, mañana, pasado mañana no se hagan sobre la base de la presión.

Quiero decirles con absoluta honestidad que la situación económica del país es extremadamente delicada. Tenemos todos que hacer un esfuerzo de desprendimiento para que esa situación -y confío en el apoyo, el entendimiento y la comprensión que ya me han adelantado hoy mismo las naciones y los organismos de la comunidad internacional para respaldarnos en este momento tan difícil- , que la responsabilidad de los bolivianos nos permita superar un trance tan especialmente difícil. El Estado hoy no puede dar una respuesta eficiente y efectiva a todas las demandas legítimas del pueblo. Es necesario que entiendan que en la medida en que recompongamos una estructura básica de funcionamiento económico, podremos comenzar a analizar todas y cada una de las respuestas a las que estamos obligados, pero quiero decirles también que aquellas respuestas que podemos dar en pequeña escala y que dan una señal de nuestra voluntad, las vamos a dar inmediatamente. No estoy en la lógica de decir, esto es no, y no hay un milímetro del que me pueda mover desde ese no. En la medida de las posibilidades que demostrará nuestra voluntad, vamos a trabajar para que esa voluntad se exprese en hechos.

Compatriotas, el destino de Bolivia está en nuestras manos, pongámonos a reflexionar desde el alma de cada uno de nosotros. En cada uno de los corazones y de los espíritus de ustedes hay una visión de Bolivia. En cada uno de ustedes que están mirándome por la televisión, que me están escuchando por la radio, que están aquí presentes, hay una visión de Bolivia. Trabajemos para que esa visión sea la de garantizar y preservar la unidad en la diversidad de la Patria toda. Trabajemos para diseñar una Nación que nos dé cobijo con mayor equidad, con mayor justicia, con un reconocimiento de que aquello que no hemos hecho a lo largo de siglos por nuestros compatriotas excluidos, lo podamos hacer desde el escenario en el que estemos.

Sin ustedes no voy a poder gobernar, ustedes y yo tenemos la misma responsabilidad, yo como el primer servidor de Bolivia. Servidor, un hombre que sirve a la Nación, no un hombre que se sirve de la Nación. Un hombre que cree en la Nación a la que se debe.

Voy a decir, para terminar, que el dolor tiene que transformarse en vida, que la esperanza tiene que ser el escenario en el que construyamos el futuro, y que en nuestra fortaleza de espíritu está la certeza del éxito. Que la bendición de Dios, el mío, el de cualquiera de ustedes, aquel Dios o aquella divinidad en la que cada uno de los bolivianos crea, nos ilumine para que Bolivia salga con bien de este trance tan difícil.

Muchas gracias.

* Discurso extraído del blog de Carlos de Mesa, que al final del mismo aclara: "Esta versión del discurso tiene mis correcciones de estilo, dado que fue un discurso improvisado. Esas correcciones, exclusivamente de forma, no alteran un milímetro su contenido."