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Una historia de sus antepasados, transportó al autor a una de sus más enriquecedoras novelas. El amor bajo las piedras es una obra del padre Ariel Beramendi que retrata con muchas imágenes, casi como una película, la ternura, el romanticismo pero a la vez la vida cruel de la mina, en particular para los niños que entraban a trabajar al interior de ella en Pulacayo (Potosí). Lo hacían cuando apenas tenían ocho años sin saber que no llegarían a la mayoría de edad.

 

“La novela El amor bajo las piedras tiene su origen en los relatos de mis abuelos paternos, ellos vivieron en Pulacayo, donde todavía existe una mina de plata que fue, junto a otra mina australiana, la más importante del mundo a finales del siglo XIX. Tuve la suerte de visitar Pulacayo y conversar con algunos de sus pobladores como el profesor Ángel Rivera que custodia la memoria del pueblo y don Gilberto que me inspiró a escribir la novela”.

 

“Gracias a la industrialización que trajo la Compañía Huanchaca de Bolivia, el país conoció el tren y la tecnología de punta para esa época. En medio de los Andes bolivianos se construyó una ciudad alrededor de la mina de Pulacayo, cerca de lo que fue el antiguo pueblo de Huanchaca, situado al otro lado del cerro, que fue desapareciendo paulatinamente. Pulacayo fue el escenario donde las culturas europeas, indígena y mestiza se entrelazaron; así que desde niño escuchaba las historias de mis abuelos, mi padre y mis tíos, ellos nos contaban cómo era la vida a más de 4.000 metros de altura, donde los ingenieros tenían sus canchas de golf, la carne venía desde la Argentina y los mejores productos internacionales eran vendidos en la pulpería. En la novela narro la cotidianidad de Pulacayo en la década de los años veinte y treinta, pero también reconstruyó la vida del centro minero que hoy en día es un monumento de arqueología industrial al que no se le da la importancia que se debería”, relata Beramendi en una entrevista que aparece en su blog.

 

El protagonista principal de la novela es Apolinar, quien vuelve a Pulacayo después de cinco décadas de ausencia. “La trama de la novela por un lado cuenta en secuencias retrospectivas (flash back) la vida de Apolinar, y paralelamente, en una línea de tiempo tradicional, se reconstruye la historia de la mina de Pulacayo. Apolinar recuerda cómo fue llevado por su padre Policarpo hasta el centro minero atraído por la fama de la mina y el sueño de un mejor futuro. Allí, su padre se da cuenta que la vida dentro de la mina es similar a una trituradora de carne humana que no respetaba ni siquiera a los niños".

 

 

"Tras varias peripecias Policarpo decide dar la custodia de Apolinar a Tiburcio y Delfina, sus futuros padrinos, que pertenecen a la clase obrera y son los verdaderos pobladores de Pulacayo: él trabajaba en el taller eléctrico y ella como ama de casa. En su juventud Apolinar conoce a Escolástica y después de un tiempo de enamoramiento deciden casarse pero la desgracia cubre el pueblo minero. Apolinar escapa hacia Buenos Aires y toma un barco en el que navegará por una década y cuando regresa atierra reconstruye su vida hasta que en su vejez junto a Teresa, su esposa, regresan a vivir su jubilación a Bolivia. Apolinar no tendrá su alma tranquila hasta regresar a despedirse de su pueblo Pulacayo”, dice el autor.

 

 

 

La novela se basa en hechos históricos, con testimonios, documentación gráfica y textos. Incluso muestra cómo, a finales del siglo XX, muchos franceses vivían en Pulacayo, toda vez que la compañía Huanchaca tenía inversionistas extranjeros. “De hecho el gerente que vivía en la Casa Gerencia –antigua residencia del presidente Aniceto Arce–, era francés. Así que varios cronistas visitaron Pulacayo y documentaron aquello que vieron a través de artículos en revistas y de fotografías que encontré en libros de antropología. Sin embargo, también hay una fuerte dosis de tradiciones, creencias y supersticiones que recogí en la novela y que ofrecen un toque de realismo mágico”, cuenta Beramendi.

 

En medio de tanta riqueza que se generaba para los inversionistas, la vida de los mineros transcurría en medio de mucho sufrimiento. Así describe el autor esas escenas: “Los mineros entraban a la mina y no sabían si saldrían con vida, descubrí que su vida valía diez botellas de alcohol, porque por cada muerto dentro de la mina la compañía estaba obligada a regalar a la viuda diez botellas de agua ardiente para el funeral, nada más”.

 

 

 

El padre Bermamendi, quien también escribió la obra “Tito Solari, historia de un pastor”, considera que con esta nueva producción literaria contribuirá a reflexionar sobre la importancia de cuidar la riqueza de las reservas naturales en Bolivia. “Las reservas naturales de Bolivia son una riqueza no renovable y en la historia boliviana hemos visto que siempre se ha saqueado su riqueza, primero la plata, luego el estaño, el gas, los bosques...y mañana puede ser el litio. Las jugosas ganancias siempre se quedaron en manos de pocos, sin importar la calidad de vida de los verdaderos dueños. Pero no solo en Bolivia, hoy todavía existen mineros y niños que trabajan sin ninguna garantía por pocos centavos. Espero que esta novela ayude a la memoria histórica para no cometer o permitir los errores del pasado y también para recordar que la explotación continúa”, concluye.

Si quiere ver parte del contenido de esta novela, ingrese a este linkhttps://youtu.be/_Dw7BCJFBKs