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Había una vez una boda. Había una vez una mujer y un hombre que decidieron planificar un proyecto de vida y pusieron todo de su parte para eso. Aquella pirámide de amor, comprensión y unión de pareja permaneció firme durante cinco años y luego cayó. Se desplomó. Y significó, para Beatriz Baldiviezo Cuéllar, una ruptura definitiva.

De su divorcio, de su evolución como mujer, de sus sueños y de su contacto con la gente, de eso Beatriz conversó por primera vez con un medio en Bolivia. Había pedido un cómper para ‘arreglar’ sus emociones en la cabeza, después de que ella misma compartiera la foto de un buqué en su Instagram, con un texto que terminaba diciendo: “... Mi respeto y gratitud eterna por el tiempo compartido. Seguí siendo grande, sé libre, pero principalmente sé feliz a tu manera. Haré lo mismo”.

La cruceña, que en 2007 ostentó la corona de Miss Litoral y que hace ocho años su rostro sale en la TV, confirmó que hay un documento firmado entre ella y el piloto Pablo Javier Montero. “Es una ruptura definitiva con un papel de divorcio firmado hace unos meses atrás”. Eso fue lo que dijo y después se explayó.

“Juré que era para siempre. Cinco años después me miré al espejo y no vi a una mujer feliz. Miré para el lado y no vi a un hombre feliz... Ahora me quedo con la experiencia de vida. Me siento más segura, independiente, madura, mucho más fuerte”, explicó. “En el camino vas descubriendo que sos más fuerte de lo que pensabas y que, si bien el proyecto familiar es lo más importante, también existen otras cosas importantes para la vida y el futuro”, añadió.

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Un divorcio nunca es fácil. Eso Beatriz lo vivió en carne propia y cree que nadie tiene la fórmula perfecta para la felicidad eterna. No busca culpables. Solo dice que el proyecto de vida en común no funcionó y ahora ella está dispuesta a responsabilizarse por las decisiones buenas y malas que tomó en su momento. Eso le ha permitido descubrir la madurez y apegarse más a Dios. Sonríe todos los días. Está en paz. Y asegura que ya asimiló la crisis matrimonial.

No puede decir que se equivocó, porque tiene a un hijo que “es lo más maravilloso que Dios le envió”. Hizo lo que tenía que hacer y dio todo lo que tenía que dar. No es el final de sus sueños ni el final de un todo: “Los seres humanos no somos máquinas. No nos podemos programar para el resto de nuestras vidas. Estoy segura que la vida no comienza y no termina en un registro civil. Le puedo decir a la gente que si un sueño no funciona, vendrá otro... que la vida continúa”.

Y eso es lo que ha venido h a c i e n d o . A raíz del rumor de su divorcio sus seguidoras le escribieron en las redes sociales y le preguntaron cómo podía salir maquillada y peinada en la televisión cuando estaba pasando una tormenta. Ella les respondió y se reunió con algunas para contarles cuál fue ese oxígeno que la sacó a la superficie. Y ese, definitivamente, fue su fortaleza espiritual.

“Cuando hablo con las mujeres les cuento mi experiencia. Eso no significa que mi fórmula le funcione a todas, pero al menos les digo que es necesario que hoy en día la mujer sea profesional, independiente y capaz de conquistar su sueño laboral, emocional y económicamente, pase lo que pase. La vida no puede estar sujeta solo al matrimonio”.

Se debe a su gente

Está soltera. No piensa volver al altar. Es demasiado pronto para pensar en ello. El mundo, para ella, gira en torno al amor. Todo lo que hace, lo hace con amor. “Yo amo el amor. Vivo enamorada de él. Es muy difícil individualizar y conceptualizar el amor, porque el amor va de la mano con la vida. Te puedo decir que amo a personas que están muertas. En la vida hay que permitirse sentir, amar y equivocarse, porque si no te equivocás y no aprendés, entonces de nada sirve”, agregó.

Mucha gente la cuestionó sobre el anuncio de su divorcio y ahora ella les responde: “Cada persona decide qué hacer con su vida privada y si la publica o no. Trabajo para las personas. Estoy en contacto con ellas. Debo ganarme su credibilidad. Mi público se merece respeto. Si hago esto es porque quiero que cuando me vean en la calle sepan que no verán a un personaje, sino a un ser humano frágil y fuerte, con aciertos y desaciertos, con mucha fe en Dios”.

Si ella explica sus cosas íntimas a un medio es porque quiere ser lo más transparente con la gente que la sigue en la revista Hola País y en Noticias PAT todos los días por el canal verde. “No podés exigir la verdad cuando vos no lo das”, complementa.

Su hijo, su pilar

Es la primera vez que Beatriz conversa con un medio de una manera pausada. No quiere equivocarse con sus palabras y revela que llegará el día en que su hijo, Diego Javier Montero Baldiviezo, leerá la nota y no desearía romperle el corazón. “Él no entiende ahora (tiene dos años), pero pronto lo hará”, agregó.

Su bebé no ha pisado la guardería. Su mamá se preparó durante los nueves meses de gestación para amamantarlo, criarlo y darle todo el amor de madre. Eso, lo de la maternidad, le corresponde a ella y lo de la paternidad, a él. No le incomoda que su angelito sea abrazado por Pablo Javier. Él siempre tendrá a su padre y podrá verlo.

Con su exesposo tiene una relación estrictamente enfrascada en el cuidado de su retoño. Algunas veces se escriben por WhatsApp para coordinar cosas y solo se ven cuando el progenitor desea ver también a Dieguito.

El presente y el futuro

Beatriz se está estructurando, se está solidificando. De esa jovencita que llegó a ser miss quedan la disciplina y esos rituales para cuidarse y verse bien ante el lente público. Pero también subsisten los sueños. Tiene muchos. Uno de ellos es dejar Bolivia y presentar las noticias desde otro país. Ya está tocando puertas. Y cree que tiene la capacidad para hacerlo.

Le gustaría ser actriz. En su momento estudió en la Escuela Nacional de Teatro y alguna vez se subió al escenario, pero nunca pudo desarrollar esa faceta. Otra tarea pendiente es la radio. Reconoce que la política es una herramienta de cambio, pero no piensa activarla, al menos no por el momento. Seguirá dando consejos a las mujeres en silencio, pero le gustaría crear un ente de ayuda para ellas y los niños.

Beatriz estudió Derecho en la UMSA de La Paz y nunca hizo Comunicación Social. Pero supo combinar las leyes con la conducción. El modelaje la catapultó a la fama y después se lanzó a la pantalla. Comenzó en Megavisión y Red Uno. Después saltó a PAT de donde es parte hace cinco años. Es embajadora de algunas marcas en Bolivia y es asidua en las redes sociales. Desde pequeña, en casa, le enseñaron a perseguir sus sueños. Y ahora solo quiere esto: atraparlos por completo y no dejarlos ir.