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Javier Choque fundó la Orquesta Sinfónica Ignacia Zeballos Taborga hace dos años en la ciudadela Satélite Norte (perteneciente al municipio de Warnes). Choque recuerda que se postularon casi 200 niños para integrar la orquesta aquella vez, pero, como no disponían de muchos instrumentos, solo pudieron quedarse 43 niños. Con el tiempo, tuvieron que cobrar una mensualidad de Bs 125 para poder pagar a los profesores que llegaban hasta Ciudad Satélite a enseñarles, lo que redujo aún más la orquesta: hoy solo son 13 los integrantes de esta agrupación. 

Lamentablemente, dijo Choque, a ninguna autoridad le ha interesado apoyar a la Orquesta Ignacia Zeballos. “Los instrumentos siguen siendo prestados, porque los padres de familia no tienen dinero para comprarlos”, explicó Choque, que recordó además las cartas que le envió al alcalde de Warnes, Mario Cronenbold, para que colabore con ellos, pero no le respondió.  “Hablé con otras autoridades, pero la verdad es que hacen oídos sordos o simplemente no les interesa”, dijo Choque. 

Iniciativa
Desde el comienzo la orquesta contó con la colaboración y el entusiasmo de los músicos Hebert Román y Valeria Romero, que fueron a dar un concierto a Ciudad Satélite con la Fundación Niño Feliz. “Los padres de familia se emocionaron tanto con ese recital que me dijeron que deberíamos tener nuestra propia orquesta”, recordó Choque. 

El 24 de noviembre de 2015 lanzaron el proyecto de la Orquesta Sinfónica Ignacia Zeballos Taborga, y a comienzos de 2016 ya estaban tocando. 

Choque sabe que es difícil la situación actualmente, pero confía en que recibirán la ayuda necesaria para continuar; de hecho, tienen planeado construir su propia escuela de música y de teatro en un futuro próximo. 

Por ahora, los estudiantes de la carrera de Música de la Universidad Evangélica Boliviana hacen sus pasantías enseñándoles a los chicos de la orquesta. “No solo tenemos músicos, hay una sección de coristas también”, mencionó Choque. El director de la orquesta es el venezolano José Luis Rodríguez.

Futuro
Aracely Bravo es una de las madres que siempre está acompañando a la orquesta. Ella tiene dos hijas ahí, Mariana y Rafaela Guerrero, que están desde el inicio y espera que continúen en esta agrupación, ya que es una buena opción para ellas, porque en Ciudad Satélite el movimiento cultural es mínimo. 
Candelaria Cuéllar, otra madre de familia, espera la colaboración de las autoridades para que los niños puedan seguir tocando.