El nombre del huracán Patricia, que azota México desde este viernes, y que es considerado el más grande de la historia, fue elegido gracias a un procedimiento que se usa formalmente desde 1953, cuando en Estados Unidos se decidió nombrar a los huracanes con nombres de mujeres.

En 1978 se comenzaron a incluir nombres masculinos y desde ese entonces la Organización Meteorológica Mundial, en coordinación con los organismos de los países que son afectados por estos fenómenos, empezaron a elaborar listas anuales para elegir la denominación.

Pero no fue así siempre, durante muchos siglos los huracanes eran bautizados según el santo del día en el que llegaban. La revista "Muy Interesante" recuerda el caso del huracán Santa Ana, que devastó Puerto Rico el 26 de julio de 1825. 

Seis listas

A finales del siglo XIX, el meteorólogo australiano Clement L. Wragge empezó a nombrar los huracanes con nombres de mujeres extraídos de la Biblia.

El propósito de elegir nombres de personas es que son más fáciles de recordar y por tanto la información con respecto a ellos se puede difundir con rapidez.

Desde finales de los 70 existen seis listas de nombres en orden alfabético, de la A a la Z. Cada una de ellas tiene 24 nombres y se repiten cada seis años. Así, las denominaciones que se usan este 2015 ya se emplearon en 2009, y se volverán a usar en 2021. 

Si un huracán tiene consecuencias devastadoras el país que sufrió la catástrofe puede pedir su retiro de la lista, es el caso del huracán Katrina que fue reemplazado por Keneth en  2005 a solicitud de los Estados Unidos. 

Revisa la lista de nombres de los huracanes


¿Los huracanes con nombre de mujer los más devastadores?

Un estudio realizado en 2014, que cita la BBC Mundo este viernes, señala que los huracanes con nombre de mujer tienen consecuencias más letales que aquellos bautizados con nombres masculinos porque la gente percibe menos amenazadora una denominación femenina y no toma las precauciones necesarias para protegerse.

Los científicos advirtieron que los huracanes con nombres femeninos tuvieron el doble de víctimas mortales por lo que se debe cambiar el sistema de nombramiento de esos fenómenos naturales para contrarrestar el sexismo inconsciente que termina por afectar los niveles de preparación de la población.