Opinión

Zvonko Matkovic y la justicia

El Deber Hace 3/2/2018 8:00:00 AM

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Después de casi nueve años de estar detenido ‘preventivamente’ en la cárcel de Palmasola, Zvonko Matkovic Ribera ha sido beneficiado con el arresto domiciliario, no sin antes someterse a un calvario en el sistema judicial boliviano que le negó la posibilidad de salir de prisión en 21 ocasiones.

Matkovic es procesado por supuesto alzamiento armado en el caso denominado ‘terrorismo’, que a la fecha solo deja dudas y que es seguido por un tribunal de La Paz en una secuencia de audiencias que no tiene fin. Fue sometido a una cirugía en la rodilla, que debió complementarse con sesiones de fisioterapia, las cuales no se realizaron porque él no tuvo permiso para buscar esa asistencia médica. Además, tiene hernia de disco y, sin tratamiento, aún corre el peligro de perder la movilidad de sus piernas.

A pesar de que ese diagnóstico fue conocido hace algunos meses, en la justicia no le creyeron y lo hicieron padecer (a él y a sus seres queridos), hasta que un tribunal de La Paz decidió darle el arresto domiciliario.

Este es un caso de terrible falta de humanidad en el sistema judicial boliviano. Y, lamentablemente, no es el único. Ya vimos cómo se obligó a Ronald Castedo Allerding (también acusado en el mismo caso) a asistir a las audiencias aún cuando solo le funcionaba el 30% del corazón. La misma falta de consideración se tuvo con el general Gary Prado Salmón (en el mismo proceso), cuando se lo forzó a asistir a sus audiencias recostado en una camilla, por una lesión que presentaba en la parte final de la espalda. 

El juicio por supuesto terrorismo continúa a paso lento. Están acusados los que fueron opositores al Gobierno, pero se ha dejado a un lado a los policías y miembros del Estado que participaron en la ejecución de un boliviano-croata y dos extranjeros en el hotel Las Américas. En 10 años de audiencias en tribunales, si bien algunos procesados se declararon culpables para obtener su libertad, otros siguen peregrinando en busca de justicia, aunque ya se sabe que ese calvario puede ser dilatado por mucho tiempo más.

Aparte de la injusticia (por retardación), que significa el caso de supuesto terrorismo, deja una profunda huella de falta de misericordia con la vida humana. Si bien es un paso importante que Zvonko Matkovic pueda defenderse desde el arresto domiciliario “sin negociar y sin echarse la culpa”, como él ha dicho, es imprescindible que se tenga piedad con los otros dos detenidos, Juan Carlos Guedes y Alcides Mendoza, quienes también tienen problemas de salud y siguen padeciendo en Palmasola.

Lo correcto será que pronto se pueda saber la verdad acerca de lo que realmente ocurrió en 2008 y que finalmente se acabe el calvario de los acusados.