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La policía de Brasil arrestó a un boliviano acusado de someter a condiciones análogas a la esclavitud a 18 peruanos a los que había atraído con promesas de elevados salarios para trabajar en un taller de confecciones en la ciudad de San Pablo, informaron este jueves fuentes oficiales.

Los extranjeros, liberados el miércoles de la casa ubicada en la mayor ciudad de Brasil, en la que eran obligados a vivir y trabajar en condiciones degradantes, identificaron al boliviano Efraín Amachi Quisocava como el “empresario” que los contrató en Perú, les pagó los pasajes hasta San Pablo y los mantenía en el taller, según un comunicado de la Policía Civil del estado de Sao Paulo.

Los peruanos eran obligados a trabajar hasta 16 horas diarias y recibían cerca de 20 centavos de dólar por pieza confeccionada, pero de la remuneración el propietario del local les descontaba la mitad supuestamente para costear los gastos de alojamiento, alimentación y el pasaje del viaje que hicieron hasta la ciudad.

En la residencia allanada, ubicada en Penha, barrio en la zona este de San Pablo, funcionaba un taller clandestino de confecciones.

Entre las personas que estaban en la vivienda figuran tres menores de edad, un adolescente de 17 años y dos jovencitas de 15 y 17 años.
Algunas de las personas que trabajaban en el taller al parecer eran familiares del boliviano detenido.

La Policía llegó hasta la confección clandestina luego de que una de las personas sometidas, de 44 años, consiguiera escapar de la vivienda por el tejado y denunciara los abusos.

El comisario de la Policía Civil, César Camargo, uno de los responsables por la operación, afirmó que la situación de los alojamientos era totalmente precaria y la alimentación limitada.

"En uno de los baños descubrimos una pared falsa y un túnel que conducía hacia los alojamientos en el sótano, que parecían celdas. El olor era insoportable por tratarse de un sitio sin ventilación", dijo el comisario.

Los peruanos dijeron haber sido contratados mediante anuncios publicados en Puno, provincia de Perú en la frontera con Bolivia, en los que eran ofrecidos salarios de unos 650 dólares mensuales para trabajar en talleres de confección en San Pablo.

Los contratados atravesaban Bolivia en autobús, en un viaje de cuatro días hasta la capital financiera de Brasil, país en el que ingresaban por el estado amazónico de Acre.

"Vamos a investigar esa nueva ruta", aseguró Camargo al admitir que la mayoría de personas que trabaja ilegalmente en talleres de confección en San Pablo y que sufren ese tipo de sometimiento procede de Bolivia y no de Perú.

La Policía también abrió una investigación para identificar a las empresas que adquirían las confecciones ofrecidas por el taller.

Las personas liberadas fueron atendidas por el Consulado de Perú en San Pablo, que les ofreció abrigo, y, según la Policía, podrán regresar a su país de origen o reglamentar su documentación para trabajar legalmente en Brasil.