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Los lugares y tiempos de la literatura boliviana son una perfecta excusa para realizar un viaje. El pasado aún palpita en La virgen de las Siete Calles, de Alfredo Flores, que describe el sopor amable de una Santa Cruz que ya no existe… pero que se puede ver en poblaciones como Lagunillas, en la provincia Cordillera. 

El escritor que mejor ha pintado la ciudad de Sucre es Gabriel René Moreno en Últimos días coloniales en el Alto Perú. Sus incontables iglesias, sus calles inmutables y el talante atento de toda ciudad de tamaño mediano, además de sus museos, convierten a la capital boliviana en un destino obligado. 

Si se está en La Paz, es posible imaginar el recorrido que el Bukowsky boliviano, Víctor Hugo Vizcarra, realizó innumerables veces por la calle Buenos Aires. 

Saber que creció en la zona de Churubamba y que además bebía de los márgenes, donde resuena el rápido coba, aporta a las calles paceñas un toque de magia terrible que también sintió Jaime Sáenz, autor de La noche. 

Sáenz tiene también un libro sobre lugares de La Paz, que, a la manera de los Aguafuertes de Roberto Arlt, muestran los sitios que solía recorrer en su juventud. Está la calle Jaén, que en apenas un centenar de metros condensa varios museos. 

Parte del orbe literario boliviano es el Chaco de Jesús Urzagasti, una voz susurrante que parece venir desde más allá de la muerte, como sus personajes. Urzagasti es uno de los escritores más representativos no solo de Bolivia, sino de Latinoamérica. 

Por eso, el chaco boliviano está incluido en este recorrido con letras, en el que también hay que tomar en cuenta al escritor chaqueño David Acebey, que conoce al dedillo los cerros y cañadas de la zona de Igüembe. 

En Tarija, San Lorenzo, el pueblito de Oscar Alfaro, el eterno y preocupado niño, brinda una experiencia única: chirriadas (como los panqueques, pero de maíz), aloja (una chicha parecida a la cerveza) y refresco de quirusilla. Hay un monumento al autor hecho con cariño.  

Más allá de Bolivia 

Se dice que toda la humanidad, o al menos la que profesa la cristiandad, está entre la razón y la revelación: entre Atenas y Jerusalén. Conocer ambas ciudades puede ser una experiencia íntima y a la vez sociológica para quien se ha acercado a textos como La Biblia o La Odisea. 

Se piensa más rápidamenteen los lugares de la telenovela Las mil y una noches, que ha originado una estampida de viajeros que quieren ver la Estambul de Onur y Sherezade, que en los de la antigua serie de relatos de origen persa. Hay tours que permiten visitar la antigua Persia (el actual Irán), origen del famoso conjunto de relatos, y remontarse hasta Persépolis, fundada 500 años antes de Cristo. ¡Hay mucho que ver!

Ángeles y demonios. En Angeles y demonios, de Dan Brown, el castillo Sant’Angelo es la iglesia de la iluminación.