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La clase política, casi a escala mundial, no goza de los mejores índices de credibilidad ante la opinión pública. En nuestro continente, especialmente después del paso populista, su desprestigio es mayúsculo. 

Si bien la principal causa de este descrédito es la corrupción pública, esta vez quiero detenerme en su adicción al poder, otro terrible mal que los aqueja. Lógicamente que toda regla tiene excepciones, pero son golondrinas que no hacen verano.

Buscar el poder, por el poder mismo, es una fatal distorsión de la política. La política es esencialmente una carrera para ciudadanos con vocación de servicio al pueblo, cualquier otro objetivo desvirtúa su esencia. Por lo tanto, la política no es para cualquiera, ella está destinada exclusivamente a las almas nobles, gente que busque genuinamente el bien común y no el beneficio propio o el de su partido. Líderes con sólidos valores morales.

Lo que ocurre a menudo es que una vez los políticos llegan al poder, se aferran a él uñas y dientes, buscan todo tipo de artimañas para forzar su relección. No se resignan a perder honores, privilegios ni otras cosas menos santas. Se niegan a volver al pueblo de donde salieron, se deprimen de solo pensarlo. Desde Porfirio Díaz hasta Evo Morales comenten el mismo atropello. Su entorno palaciego y los estómagos agradecidos los hacen creer que son insustituibles, que después de ellos el sol no volverá a salir. Y lo peor de todo, ellos se lo creen.

Vengo insistiendo en la necesidad de una nueva clase política desde hace tiempo, ciudadanos patriotas con grandeza de espíritu que busquen por encima de los intereses particulares el bienestar de la nación. Un liderazgo nuevo, amado y respetado por su pueblo. Comenzar por cambio el generacional sería lo más adecuado. 

Las próximas elecciones son el momento oportuno para seleccionarla. Eliminemos de ella la corrupción, el caudillismo, la mediocridad y los adictos al poder que tanto daño nos han hechos a lo largo de la historia. Somos del Tercer Mundo por culpa de ellos. Cuidemos nuestro voto.
Seguiré aguardando el advenimiento de esta nueva clase política, espero que la vida me alcance para verla.