Escucha esta nota aquí

Fue lapidario. Con 12 votos contra tres, el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya dio ayer a Bolivia el golpe más duro y menos esperado –ni siquiera La Moneda tenía un resultado tan optimista en su cálculo– para la expectativa de retorno al mar con un acceso territorial soberano que despertó el Gobierno de Evo Morales en abril de 2013, cinco años atrás: la corte dispuso que no se había demostrado que Santiago tenía la obligación de negociar una salida al Pacífico en favor de La Paz y, del mismo modo, votó para rechazar la argumentación boliviana, que decía que los actos unilaterales chilenos del siglo XX generaban un compromiso exigible desde el punto de vista del derecho internacional. Chile tenía razón.

Y lo que es peor: tras los 75 minutos que el somalí Abdulqawi Ahmed Yusuf, presidente de la Corte de La Haya, se tomó para derribar uno a uno los alegatos que esgrimió en marzo el equipo del Estado boliviano, el juez leyó un veredicto que, a pesar de todo, a pesar de la confianza en el trabajo de los abogados del país, siempre fue parte del cálculo: se produjo una nueva herramienta jurídica inapelable que entierra de forma definitiva cualquier posibilidad de obligar al Estado chileno a encaminar el retorno al mar para los bolivianos, después del Tratado de 1904. Es decir, otra ‘arma’ más con que La Moneda condicionará las conversaciones con Bolivia, dependiendo de su buena voluntad. Un episodio gris para la historia.

Pero Bolivia era consciente de que esto podía pasar: a fines de septiembre de 2015 y luego de que el Gobierno de Evo Morales se mostrara victorioso frente a la negativa de la corte contra una petición que formuló Chile para cuestionar su autoridad en este caso –una objeción de competencia–, el vocero de la causa marítima boliviana nombrado por Evo Morales, el expresidente Carlos de Mesa, vaticinó ante la televisión chilena las consecuencias de un fallo de pesadilla que, tres años después, se convertiría en una realidad.

“Bolivia sabrá que las condiciones de una negociación posterior a un fallo contrario son francamente adversas porque Chile tendrá un argumento muy de fondo para no negociar”, respondió el vocero boliviano a Juan Manuel Astorga, periodista de la Televisión Nacional de Chile, entonces presentador de El Informante, programa editorial de la televisión pública de ese país, luego de que el entrevistador cuestionase insistentemente al expresidente sobre si Bolivia acataría el fallo de la Corte de La Haya frente a un resultado adverso.

“El objetivo histórico de Bolivia, que puede encontrar caminos distintos que sean al de la corte, dependerá de la posibilidad de una negociación bilateral posterior, por ponerle un ejemplo. Dependerá también de la voluntad de Chile”, dijo entonces el historiador nacional en aquella célebre entrevista que, para muchos, fue la que lo catapultó como el líder político opositor con mejor desempeño en las encuestas de intención de voto para una candidatura presidencial, después del presidente Morales.

Ayer, 1 de octubre, tres años después de aquella airosa cita en la televisión chilena, el fallo conseguido apunta esas condiciones de las que Carlos de Mesa habló: Chile ahora tiene un argumento jurídico de fondo para no negociar y, en apariencia, las cosas dependen más que nunca de la voluntad política de los gobiernos de ese país.

Y en Bolivia saben que esta nueva realidad determina las relaciones de ambos países: “Efectivamente, se abre una jurisdicción distinta que, posiblemente, tenga que ver con la diplomacia y la política exterior que adopten ambos Estados para encaminar esta invocación tan importante que ha hecho la corte (la del diálogo)”, respondió asintiendo el agente boliviano ante La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé, cuando se le dijo en rueda de prensa que todo ahora dependía de la ‘buena voluntad’ que tenga Santiago con La Paz.

Cómo se digiere en Bolivia

Bolivia se había preparado para ganar: el presidente Morales había viajado a los Países Bajos con tres de sus ministros, con personal diplomático, con personal administrativo e incluso con la prensa del Estado. Y Chile, el presidente Sebastián Piñera y Roberto Ampuero, su canciller, parecían listos para salir a rechazar un fallo adverso. Por eso ninguno de los dos viajó a La Haya. Por eso Ampuero tuvo que cancelar su viaje a esta cita a última hora, después de que había anunciado que iría como cabeza de la delegación. Por eso es que un solitario Claudio Grossman, el agente chileno ante el máximo tribunal de la ONU, fue solo y a la defensiva ayer en la mañana.

Pero una hora y media después, todo cambió. Grossman alentaba el festejo con un discurso tan animado como lo permite la tradición diplomática chilena y el presidente Piñera, en Santiago, festejaba como si la Roja hubiese ganado otra vez la Copa América, casi como una victoria personal “de este presidente”. De no ser por la dureza con la que habló ayer Heraldo Muñoz, quizás pocos recordarían que buena parte de la defensa chilena la enfrentó la presidenta Michelle Bachelet en su segundo mandato.

“Este caso se acabó”, dijo tajante, con estudiada negligencia, como quien pone sal en una herida. Así, el canciller de Bachelet aludió el nuevo escenario para las relaciones con el Estado boliviano.

En La Paz y en La Haya, las primeras respuestas del equipo boliviano parecían ver virtudes aun en un fallo que se había perdido 12 a tres. “Si bien no hay una obligación de negociar, pero hay una invocación (de la corte) a seguir continuando con el diálogo”, destacó el presidente Morales en un breve comunicado de prensa que leyó en la escalinata del Palacio de la Paz, con el rostro desencajado todavía, 40 minutos después de la lectura de Abdulqawi Ahmed Yusuf. Con voz suave dijo que Bolivia no renunciará a su expectativa de volver a las costas del Pacífico.

El presidente en ejercicio Álvaro García Linera y el grueso del gabinete ministerial dieron la cara con un discurso todavía más optimista frente a la derrota de La Haya: “Está claro lo que ha hecho la corte, digamos, es cerrar una puerta dejando abierta otras muchas puertas que Bolivia puede y debe usar para viabilizar su derecho a un acceso soberano al océano Pacífico”.

En Chile, expertos como Milet García o Jorge Sanz creen que Bolivia no solo empeoró su chance para volver al mar, sino que está conminada a acatar el fallo. Caso contrario, podría enfrentar una acusación en el Consejo de Seguridad de la ONU, el mismo sitio donde Morales fustigó a Donald Trump.