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A las 6:40 suena el despertador que está al lado de la cama que comparten Mónica Ledesma (43) y Martha Vaca (45), la primera pareja boliviana del mismo sexo que se casó en Estados Unidos hace casi cinco años.

Martha se levanta y se alista para dirigirse a su trabajo en Arlington, Virginia, donde radican desde 1996. Entra a las 7:30 y allí cuida a dos niñas de tres y siete años desde hace cinco años. Los padres de las niñas recién se enteraron por el Facebook que Martha es lesbiana.
“A las 23:00 me mandó un mensaje preguntándome. Su reacción fue de la mejor, me gustó, me dijo que cualquier cosa ellos estaban ahí para ayudarnos”, cuenta Martha.

Mónica se despierta más tarde. Debe esperar que la hija de ambas, Pamela (17), se vaya al colegio para salir a trabajar. Está en el negocio de la limpieza de casas y recién comenzó en un ‘part-time’ (trabajo de medio tiempo). Lo hace para que Pamela pueda asistir a la universidad, donde estudiará Justicia Criminal a mediados de este año.

Como la mayoría de las personas que viven en ese país, las tres solo comparten en la cena porque cada una debe buscar, por su cuenta, lo que desayunará o almorzará.

“Pamela obviamente lo hace cada día en el colegio”, relata Martha, desde el otro lado de la línea telefónica el sábado de San Valentín, cuando el termómetro marca varios grados bajo cero y se alistan para la sesión fotográfica que Johnny Auza les realizará fuera de la Corte Superior del Distrito de Columbia, en Washington, el lugar donde el 28 de abril de 2010 se casaron ante las leyes estadounidenses.,

Emoción en una foto del recuerdo. Pamela llora cuando ve el video que su abuela Rafaela le envió desde Bolivia felicitándola por sus 15 años. Martha y Mónica le regalaron su fiesta tan ahelada.

Emoción en una foto del recuerdo. Pamela llora cuando ve el video que su abuela Rafaela le envió desde Bolivia felicitándola por sus 15 años. Martha y Mónica le regalaron su fiesta tan ahelada.

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Reacciones inesperadas
Afirmar sus orientaciones sexuales a inicios de los 90 en una Santa Cruz donde muchos creían, y aún creen que la homosexualidad es una enfermedad, no fue nada fácil.

Mónica o ‘Mayo’, como la llama Martha, siempre se vistió como ‘marimacho’, así lo cuenta ella. “Siempre estuve 100% segura de mi orientación sexual, en cambio Martha no, creo que la saqué del closet (risas)”, relata Mónica, que se nota que tiene un muy buen humor.

Se conocieron en 1989 cuando ambas estudiaban en el Cema Gral. Julio Prado Montaño. Ambas tenían enamorados, pero en el caso de Mónica, lo hacía solamente para aparentar.

“Cuando conocí a Martha algo hizo que se despertara en mí. Yo en ese entonces aparentaba ser heterosexual, pero cuando ella me dijo que le gustaba y luego unas amigas fueron con el chisme, en vez de hacerme un mal, lograron todo lo contrario”, comenta Mónica.

Cuando la familia de Martha se enteró de la orientación de su hija, no fue del agrado de nadie.

“Mi madre me trató, me prohibió verla y a ella que vaya a visitarme. Antes de que me bote, a las 3:00 me salí de la casa y me fui donde una amiga”, relata.

Al día siguiente, una hermana de Martha fue a la casa del padre de Mónica a preguntar si ella estaba ahí. “Me amenazó que si ella no aparecía, me denunciarían”, recuerda.

Por la tarde ella llegó a la casa de su enamorada y fue allí cuando Mónica decidió contarle la verdad a su padre.

Por la noche, desde el pasillo le preguntó si podía entrar a su dormitorio a conversar. Él la invitó a sentarse en la cama y ella comenzó a contarle.
“Le dije que como él sabía, Martha era mi amiga, pero que mis sentimientos eran más que una amistad, que la amaba y que ella era así”.

Su padre la abrazó y le dijo que él siempre lo supo y que igual la quería, relata Mónica acongojada aún por la reacción de su padre.
Rafaela, la progenitora de Martha, fue aceptando poco a poco la relación de su hija con ayuda de las hermanas de ella.

El padre de Mónica, Reinaldo, falleció en 2000, luego de haber vivido con ambas en Estados Unidos y de cuidar y amar a su nieta Pamela.
La madre de Mónica falleció cuando ella tenía 10 años y el padre de Martha, un militar retirado, nunca dijo nada de la orientación de su hija, es más, a Mónica se refería como él, y es que por lo que cuenta y se ve en las fotos, ella siempre utilizó prendas masculinas.

Aparte de la difícil y larga aceptación de las familias, también se encontraron, en algún momento, con el rechazo de amigos y compañeros, incluso una vez Mónica llegó a los puños con un conocido suyo que quiso faltarle el respeto a Martha.

Dejar atrás todo
En mayo de 1991, Mónica decidió emprender viaje a Estados Unidos. Se quedó un año viendo cómo era la situación allá. Al regresar a Bolivia, convenció a Martha para que emprendan viaje nuevamente.
“No tenía profesión, no sabía de que podría trabajar en Bolivia y peor con la pinta que yo tenía. La única forma era venirnos aquí porque nadie se fija en cómo te vistes y no te miran mal”, recuerda Mónica.
A Martha le preocupaba dejar a sus padres solos, pero al irse y trabajar allá les enviaban mensualmente una suma de dinero para poder ayudarlos.

“Nuestro objetivo era juntar unos $us 10.000 para comprarnos una casita y algo de dinero también para hacerla trabajar, éramos muchachas, teníamos una vida por delante”, explica.

Llegaron a Estados Unidos junto a casi toda la familia de Mónica, en Santa Cruz dejaron su casa en alquiler y comenzaron allá prácticamente desde cero.

Hace 12 años que ellas volvieron por última vez al país, pero su hija estuvo hace cuatro años visitando a la familia boliviana.

“No podemos ir sobre todo por el trabajo que tenemos, no se puede. Queremos ahorrar para que Pamela estudie”, aclara Mónica.

Hoy, ambas están a la espera de que la acción ejecutiva que lanzó el presidente Barack Obama les permita sacar sus papeles como residentes.

Formar familia
En octubre de 1996, Mónica quedó embarazada a través de inseminación artificial, gracias a la donación de esperma de un amigo muy querido.
El 20 de julio de 1997 llegó Pamela, quien poco a poco fue creciendo y comenzando a despertar su imaginación, propia de una niña.

“Un día en la escuela escuchó la palabra lesbiana porque tenía un compañero que su mamá lo era”, cuenta Pamela.

Al regresar a casa, la niña, que rondaba por los 8 años, le preguntó a Martha cuál era el concepto de la palabra porque creía que significaba estar sola. “Cuando le dijimos a Pamela cómo había nacido, le contamos todo como un cuento durante varias noches para que ella vaya entendiendo. Le hicimos comprender que siempre quisimos ser madres”, explican ambas.

Matrimonio por derecho
Este mes se cumplen cinco años de la aprobación de los matrimonios de personas del mismo sexo por el Concejo Municipal del distrito de Columbia.

Gracias a esta legislación es que Mónica y Martha decidieron oficializar su relación luego de casi 20 años de convivencia, sellando su amor ante las familias de ambas y sus amigos.

La determinación radica sobre todo por cuestiones legales. “Tenemos nuestro departamento, un seguro de vida, cosas así que he comprado para dejarle a ellas y no tener el problema de que se les compliquen las cosas legalmente”, explica Mónica.

En el estatus del seguro de Mónica, Martha figura como esposa. Si por algún accidente o de manera natural algo le llegara a suceder y queda en coma o en estado vegetativo, Martha tendría el derecho de decidir si la desconectan o no a su esposa. “Mi familia no tendría por qué decidir, sería Martha la que decida o yo por ella”, manifiesta.

Incluso el seguro médico y otros beneficios que tiene Mónica por su trabajo, son otorgados a Martha y a Pamela, al igual que una pareja heterosexual.

Los roles en casa
“Martha es más estricta con las tareas y Mónica me cuida, anda con su pistola (risas)”, dice Pamela, quien no duda en decir que es ‘suertuda’ al tener dos madres, como alguna vez le dijeron sus compañeras.

Los oficios en la casa son distribuidos en partes iguales, incluso, por un tema de tiempo, algunos días de la semana Mónica prepara la cena, hasta que Martha llegue a casa.

Los fines de semana son familiares, ya que a Pamela le gusta mucho asistir al cine, y Mónica es su complemento perfecto para ir a ver los últimos estrenos. “Martha tiene que ir obligada (risas)”. Claro que ella aprovecha estas salidas para “desestresarse” haciendo shopping.
Además, ambas forman parte activa de la comunidad boliviana en Estados Unidos. Otro de su ‘part-time’ sin salario, como dice Mónica, es formar parte de las Agrupaciones del Oriente Boliviano (Agrobol), que, entre otras actividades, organizan el Carnaval en Virginia.

En cuanto a afinidad, Mónica cree que por el hecho de ser ambas mujeres, cada una sabe lo que la otra quiere, sabiéndose complementar en cuanto a gustos se refiere. En algo que chocan es que ella tiene menos paciencia que Martha, por lo que a veces se altera fácilmente ante cualquier situación.

Y efectivamente, en la conversación se pueden percibir las personalidades de ambas, a lo que ellas aclaran que gracias a estas diferencias se han podido complementar a través de los años.

Son una sola persona
“Somos una persona, es algo difícil de explicar porque solamente nosotras podemos entenderlo”, dice Mónica.

Y es que a través de los años, han demostrado que la comunicación, el respeto y la lealtad son valores clave para mantener su relación. Algunos miembros de sus familias, sobre todo las mujeres, les han comentado que en algún momento han sentido envidia por el trato que ambas se dan.

“Somos amigas, somos compañeras y creo que somos buenas amantes”, señala Mónica.

Asisten a la iglesia
Martha viene de una familia con sólidos cimientos católicos, por lo que cree que en su momento ese fue uno de los motivos del rechazo de su madre.

Cuando ella comenzó a darse cuenta de su orientación sexual, decidió que quería ingresar al convento que estaba cerca de su casa, en la zona de María Auxiliadora, en el barrio La Cuchilla. Solo faltaba la firma de su madre para ponerse el hábito, pero un día una monja la vio saludarse con un amigo y la religiosa le dijo que aún no estaba preparada.

“Lo que quería solamente era ocultar mi orientación sexual”, explica Martha.

Hoy, la familia asiste a una iglesia apostólica en la ciudad donde viven y cuentan que el sacerdote es bastante abierto a las relaciones del mismo sexo.

En esta comunidad religiosa no han encontrado el rechazo ni las miradas de desaprobación de los feligreses.

Hoy, ambas aprueban los comentarios que el papa Francisco realiza sobre la población homosexual. “Para mí es el mejor papa que ha habido en la Iglesia católica, es un ser humano que entiende. Supuestamente para muchos nosotros no tenemos pisada en el cielo, pero ahora él está cambiando este concepto”.

Anécdotas con humor
Ante la pregunta de qué situación graciosa han tenido que atravesar, Mónica cuenta que cuando asisten a las fiestas y debe entrar al baño, pide que la acompañen las tres, porque al usar ropa masculina, las mujeres piensan que un hombre es el que está entrando.

“Cuando me miran las otras mujeres les debo aclarar que no me estoy equivocando de baño. Tengo que sacar pecho para que entiendan que no soy un hombre. Podría entrar al otro baño, pero mejor no (risas)”, cuenta.

Otra situación por la que debe atravesar casi siempre es que a ella se refieren como señor, pero todas estas situaciones le han enseñado que el buen humor debe formar parte de su rutina.

Mónica, Martha y Pamela son claras en aconsejar a las personas homosexuales que no deben tener temor de decir la verdad.
“Una vez que descubres lo que eres, no hay nada que te dé más satisfacción que saber que eres tú, no lo que la gente quiere que seas. Al ser uno mismo, las cosas cambian. Uno nace, no se hace”, finaliza Mónica