Bolivia

CÁNCER

Faltan datos oficiales y prevención, sobran ignorancia y vergüenza

El 17% de los tipos de cáncer que atacan a las mujeres en Bolivia corresponde a cáncer de mama. La proyección a 2030 del Ministerio de Salud es que crecerá hasta 46%. Una sobreviviente nos escribió una carta para reflexionar y dar esperanza

Gina Justiniano Hace 10/7/2018 8:00:00 AM

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Las estadísticas locales y nacionales no están completas, solo hay cifras que en algún momento alguna autoridad en salud soltó en un acto oficial. Lo que sí hay es ignorancia, vergüenza (demasiado pudor) y mitos sobre el cáncer que no están ayudando a la hora de conseguir que las mujeres se autoexaminen las mamas, que se conozcan tan bien que sean capaces de detectar cuando aparece algo que antes no estaba ahí (un bulto, el cambio en la coloración de la piel, que salga líquido de los pezones o que la forma de la mama o del pezón haya sufrido alguna modificación).

Para luchar contra el enemigo hay que conocerlo, hay que detectar su presencia cuanto antes porque mientras más temprano se haga hay más oportunidades de acabar con él.

Que las mujeres descarten el palparse para no encontrar algo que no les gustaría o que rechacen ir al médico para no escuchar la palabra que tanto asusta (cáncer) y que opten por ir primero a un médico curandero no está ayudando, todo lo contrario. En Bolivia cada año aparecen 11.000 nuevos casos de cáncer, de los cuales 7.500 afectan a las mujeres, correspondiendo así el 17% a cáncer de mama, que hace ya varios años se ha posicionado como la segunda causa de muerte entre las mujeres, después del cáncer cervico-uterino. El panorama no se ve alentador cuando desde la página oficial del Ministerio de Salud se anuncia la proyección hacia 2030, tiempo en que se estima que ese 17% va a crecer hasta el 46%. Dicho sea de paso, esta estadística puesta en el portal del Ministerio de Salud el 31 octubre del año pasado no ha sido actualizada, como tampoco logramos que el ministro de Salud, Rodolfo Rocabado, nos confirmara si estos números han crecido o han bajado. Tampoco logramos que Sdenka Mauri, responsable del Programa Nacional de Lucha contra el Cáncer nos contestara.

En Santa Cruz no hay datos como departamento ni como ciudad, solo se cuenta con la estadística del Hospital Oncológico que dice que en los últimos dos años los casos de cáncer de mama aumentaron de 11,7% a 15% de entre todos los tipos de cáncer que ahí se atienden.

Buscando más allá solo se logra comprobar lo que en la realidad ya sabemos: Un informe basado en los reportes de CIIC (Cáncer Incidense in Five Continets) reporta que en Bolivia los cánceres que más afectan a los varones son el de próstata, colon y recto. Mientras que en las mujeres es el de cuello del útero y mama, en ese orden.

Según el oncólogo Diego Montenegro en los primeros nueve meses de este año en Bolivia se han registrado 458 pacientes con nuevo diagnóstico de cáncer de mama y se ha certificado 453 defunciones por esta enfermedad. ¿De dónde sacó las cifras? El médico que trabaja en el Oncológico y en otros centros de salud se basa en la Estadística Mundial de Cáncer, Globocan 2018. “Eso está actualizado recién, ahí dice que la incidencia de cáncer de mama en Bolivia es de 17%”, aunque también reconoce que son datos que no reflejan toda la realidad porque “(Globocan) pide a todos los ministerios del mundo sus datos estadísticos que en Bolivia están muy subregistrados y no reflejan toda la magnitud”. Montenegro habla con toda la certeza que le da el atender, en promedio, todos los días en la consulta, de lunes a viernes, a seis pacientes con cáncer de mama.

Octubre rosa

La campaña de octubre es importante porque la prevención facilita el tratamiento y ahorra en cuidado paliativo (cuando ya no se busca curar porque es demasiado tarde, solo brindar bienestar al paciente).

¿Qué significa eso? Que si de manera preventiva, antes de que la enfermedad crezca y se esparza por todo el cuerpo, se descubre un cáncer de mama, el tratamiento será menos invasivo, con pocas probabilidades de cirugía mutilante (operar para quitar la mama afectada) y con más posibilidades de curación. La mujer se ahorrará lágrimas y trauma y el Estado costos y recursos humanos médicos.

En el mundo, octubre se viste de rosa porque no somos el único lugar que enfrenta a este enemigo. “Estas campañas son importantes porque cáncer no es muerte, si se lo descubre en los estadios iniciales se puede curar casi en un 100%”, afirma Montenegro, tratando de hacer entender que no se trata de una guerra perdida, por más que el golpe anímico sea muy fuerte cuando por primera vez se escucha el diagnóstico de cáncer.

El problema es que en el día a día las pacientes llegan con la enfermedad muy avanzada o metastásica (cuando el cáncer ya tuvo tiempo de invadir otros tejidos y otros órganos), para entonces el tratamiento curativo es mínimo. Así refieren los especialistas, porque este discurso no es de uno solo. Lo dijo la doctora Martha Arrien, directora del Oncológico; Claudia Verónica Sitic, jefa del Servicio de Mastología; Óscar Urenda, secretario de Salud, y Joaquín Monasterio, director del Servicio Departamental de Salud. Todos, en su momento, cuando toca inaugurar el mes de octubre como el tiempo dedicado a crear conciencia y reflexión sobre el cáncer de mama, coinciden en que prevenir es vivir más.

“Es que nos va mal en la prevención. Las pacientes llegan con cáncer muy avanzado, es infrecuente ver mujeres con tumores pequeños y eso es porque no se autoexaminan ni van al médico, esperan a que la situación empeore y se les salga de las manos”, refiere Montenegro a tiempo de confesar que el cáncer de mama se está detectando en mujeres cada vez más jóvenes. “Tengo una paciente de 17 años, su pronóstico es desfavorable, está más de un año con quimioterapia porque ya es metastásica, su sarcoma de mama es muy agresivo y el cáncer ha aparecido también en el pulmón. A pesar de eso ha tenido una respuesta estable, está yendo al colegio, pero ya no tiene dinero para sus quimioterapias, es bien delicada su situación”.

Más casos

Hay factores que favorecen al cáncer de mama, como la obesidad (por alimentación rica en grasa), el sedentarismo (no hacer ejercicio), no dar lactancia materna e incluso algunos anticonceptivos estrogénicos (a más tiempo de exposición al estrógeno, más riesgo de desarrollar cáncer), según detalló el especialista Montenegro.

¿Qué concluyen los expertos y las autoridades? Que el incremento de la incidencia de cáncer de mama obedece a dos aspectos: cada vez aparecen nuevos enfermos (la población también aumenta), pero también se está detectando cada vez más a tiempo.

CARTA DE UNA LUCHADORA

“Renegué, lloré y grité, ¿por qué a mí de nuevo?”

Paola Heredia

TESTIMONIO

Hay cosas en la vida que uno prefiere olvidar, lo que te voy a contar es una de ellas. En 2008 dos años después de haber perdido a mi primer amor (mi padre-mi primer golpe) a causa de un agresivo cáncer de estómago (antecedente); haciendo un autoexamen en la ducha descubrí un pequeñísimo nódulo en mi seno izquierdo, el mismo que cambiaría para siempre mi concepción mental de la vida. A mis 28 años, soltera y sin hijos me diagnosticaron cáncer de mama en estadio inicial, fue mi segundo golpe, de esos que te dejan sin aire. Gracias a la detección temprana y al apoyo de mi familia logré vencer mi primera batalla sin siquiera imaginar que casi 8 años después tendría que volver a luchar contra un monstruo más grande y aparentemente invencible. Los años pasaron entre controles, fe, y la reconstrucción del seno mastectomizado que me devolvió el autoestima y una vida casi normal.

El trabajo y las metas profesionales fueron postergando mi deseo más profundo y anhelado: ser mamá. En 2015 quedé encinta, los cambios físicos de la ansiada maternidad fueron evidenciándose y al mismo ritmo que crecía el fruto de mi vientre un tumor maligno también lo hacía, esta vez en mi seno derecho. La frustración y el miedo se apoderaron de mí al descubrir que con 35 semanas de embarazo tenía cáncer otra vez. Sentí que el mundo se me venía encima, me hice mil preguntas, renegué, lloré, grité, quería saber por qué a mí y por qué otra vez. En situaciones como esta el tiempo vale oro y mi médico la tenía clara, debía operar nuevamente para extirpar el seno que con tanta ilusión creí que proporcionaría el alimento a mi hijo. No había nada que pensar pues era mi vida la que estaba en riesgo y fue así que solo tres días después de mi parto por cesárea fui intervenida nuevamente. Fueron meses de tratamiento, ya no solo me tocó vivir viendo la cicatriz que me recordaba que tenía que ser fuerte, sino que sufrí el dolor de ver caer mi cabello como se caen las hojas en oto- ño, confieso que me dolió más que perder el seno, quizá muy banal pero fue un sentimiento tan mío.

Dios nunca abandona, la esperanza no se debe acabar, en nuestras vidas siempre estaremos rodeados de personas maravillosas que nos ayudarán a salir de lo más profundo, un médico que te ayuda, una enfermera dispuesta a ser tu paño de lágrimas, una madre maravillosa, hermanos, familia y amigos... mi hijo que se ha convertido en la principal razón de mi vida y mi padre. Si estás leyendo esto recuerda que tomar en cuenta los antecedentes familiares, tu estilo de vida, la disciplina como paciente y la detección temprana, pueden salvarte. Doy testimonio de que le gané dos veces al cáncer y que ahora estoy sana gracias a que nunca me rendí, porque quiero vivir.