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Mónica Yolanda del Carmen González Mujica es una periodista de una larga trayectoria comprometida con la investigación y la interpelación al poder. Trabajó bajo las balas de la dictadura pinochetista en las revistas Análisis y Cauce. Hoy dirige el Centro de Investigación Periodística (Ciper), una de las instituciones más prestigiosas de Chile. Así habló con EL DEBER sobre los desafíos del periodismo frente a la crisis de la democracia y la prevalencia de la corrupción tras la conferencia que brindó en el hotel Los Tajibos con el auspicio del Banco Bisa. Resalta que el buen periodismo tiene un rol fundamental para combatir los poderes oscuros que hoy han puesto en jaque a la democracia.

En este tiempo de ultraderechas, posverdades y ‘fake news’ (noticias falsas), ¿cuál es el estado de la democracia a escala global?

Está en crisis por la prevalencia de la corrupción. Corrupción que no tiene color político, dado que va de un extremo a otro sin distinción. Hay una crisis de representatividad. La gente vota cada vez menos porque está enojada con los políticos y con las empresas. Hay una sensación de que los ciudadanos apenas ponen un pie en la calle lo despluman entre las empresas y los políticos, lo atacan. Cuando el Estado debería garantizar los derechos de todos y eso no está pasando. Estamos ante una crisis grave porque hay un poder oculto muy real que es el que, de verdad, toma las decisiones. Y que no está en el Congreso ni en el Ejecutivo. Son las multinacionales que tienen poder local.

¿En qué medida el periodismo de investigación y el rol de los medios pueden ayudar o agravar este proceso?

Depende. Creo que el buen periodismo debe develar dónde está el poder oculto, quiénes lo forman y cómo incide en la toma de decisiones. En Chile, en Bolivia, en México o en Colombia, porque el poder oculto es supranacional y quiénes son sus cómplices, como siempre, en cada país. El deber del periodismo es develar eso, mostrar sus redes. Nuestro deber no es denunciar, sino mostrar el sistema, que no quede alternativa más que actuar frente a una corrupción que es sistémica. El poder oscuro tiene tentáculos sistémicos.

Hasta ahora, si no hubiese sido por la labor de los medios y los periodistas, no nos habríamos enterado casi de ningún caso grave de corrupción…

Si no hubiera habido jueces probos tampoco.

Pero las instituciones de la democracia parecen debilitadas frente a los poderes…

Las instituciones son débiles endémicamente. Además, arrastramos esa debilidad por muchos años de dictaduras y autoritarismo. Las instituciones están cooptadas por este poder supranacional.

¿Cómo hacer periodismo de investigación en este contexto?

Es mucho menos difícil de lo que se cree. Se ha mitificado esa idea de que el periodismo de investigación es difícil para que los periodistas se resistan a hacerlo. No se necesita iluminados, ni supercorajudos, ni valientes ni superinteligentes. Se requiere gente con ganas de trabajar, con ganas de estudiar, con ganas de hacerse preguntas, con ganas de armar los rompecabezas del entramado del poder oculto.

¿Cómo ve a las empresas de medios de comunicación, perdieron el interés por el periodismo de investigación?

No lo entienden o no lo quieren entender, es la crisis en la que estamos en el periodismo. Los periodistas tenemos que hacerles ver que es clave para sobrevivir y no hay alternativa.

¿Las redes sociales son una alternativa frente al periodismo de investigación?

No son una alternativa, las redes sociales tienen su propio círculo y son muy importantes, pero el buen periodismo es insustituible.

En las redes sociales, los ciudadanos participan en la elaboración de la noticia, ¿cómo ve ese fenómeno?

Los ciudadanos acuden a las redes porque están ahogados porque nadie los escucha. Pero el buen periodismo no es una terapia de grupo. La terapia de grupo se da en las redes sociales. El buen periodismo transparenta lo que no se sabe y lo muestra para que el ciudadano actúe. El buen periodismo interpela al poder al oculto y al oficial. Lo que hay que hacer es trabajar mucho por esa información.

¿Está vivo el periodismo en América Latina o también cae en el mal de las declaraciones y las versiones oficiales y burocráticas?

Los reportajes del Premio García Márquez, todos, son una maravilla en este sentido, muestra la vitalidad en la que está el periodismo en América Latina. El periodismo en nuestra región está muy vivo. Eso nos llena de esperanza, de que vamos a lograr superar esta crisis y que el periodismo nunca ha sido tan importante como ahora. Ni siquiera durante las dictaduras militares fue tan importante como ahora que la democracia está en crisis. La democracia está al borde del precipicio y eso es mucho, y no nos damos cuenta. Porque no hay tanques en las calles, pero los poderosos no necesitan tanques en las calles. Nos hacen esclavos de los cárteles en los que actúa el narcotráfico, la industria farmacéutica, las minas, las empresas del agua, la agroindustria. Hay miles, millones de ciudadanos prisioneros. Porque el Estado se fue atrás y prevalece la violencia. Esas obras quedan en manos de los cárteles y del crimen organizado.

¿Cómo fue su experiencia en Chile para hacer periodismo de investigación?

En dictadura fue muy difícil, pasamos momentos muy terribles. Pero en democracia ha ido avanzando con sus propios errores y mirándonos al espejo.