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Tras el éxito mundial del libro Cincuenta sombras de Grey que ha inspirado a la película que se difunde en cines locales, términos como el sadomasoquismo o los juegos eróticos han cobrado mayor interés en la charla habitual de algunas parejas.

Especialistas en sicología y sexología observan los límites de esta conducta sexual y los riesgos que puede traer si se rebasa la delgada línea entre un simple juego de poder en la intimidad de la pareja y la violencia.

Según el análisis de estos expertos, hay quienes, para disfrutar del sexo, sienten alguna vez la necesidad de seguir juegos eróticos que aviven la pasión y que los ayude a combatir la monotonía de su vida sexual.

Sin embargo, alerta que existen otras personas que pueden caer en el extremo del sadomasoquismo cuando adoptan ya una conducta sexual que implica dolores físicos y roles humillantes de dominación y sumisión hacia su pareja, al punto que ya no se sienten capaces de disfrutar de una relación sin ese tipo de prácticas.

Es este último caso el que preocupa a los sexólogos, porque consideran que ya se trataría de una parafilia, un trastorno de la conducta sexual que requiere una atención especializada.

Cuando es un trastorno
La Real Academia Española define al sadomasoquismo como “tendencia sexual morbosa de quien goza causando y recibiendo humillación y dolor”. En general, se suele relacionar este comportamiento con el uso de látigos, esposas, vestimentas ajustadas de cuero, objetos punzantes, entre otros elementos y acciones.

“Está dentro de las parafilias, es decir, son formas paralelas a lo que nosotros llamamos tipos de amor convencional. En el sadomasoquismo, lo más importante es el juego de poder, no el orgasmo. Incluye las prácticas denominadas genéricamente BDSM, que son las siglas de Bondage-Dominación y disciplina-Sadismo y sumisión-Masoquismo”, explica la médica sexóloga Carolina Rivero.

A favor y en contra
Algunas personas consideran al sadomasoquismo como un acto abusivo y otros lo defienden indicando que solo se trata de una actuación consensuada y que se deben tener menos prejuicios.

La sicóloga y sexóloga Liliana Zabala cree que existe una idea tergiversada del sadomasoquismo, de que solo produce dolor y violencia. A decir de Zabala, cuando dos personas están de acuerdo en sus fantasías sexuales, no hay prejuicios.

“En el sadomasoquismo no hay sufrimiento cuando la práctica es consensuada. En ese caso no hay agresión ni abuso, siempre y cuando se trate de personas con criterio formado. El que es sometido o sumiso disfruta de sentirse así y puede cambiar o no de roles en la práctica. Muchas parejas practican ese tipo de sexualidad y no lo dicen por temor a ser juzgadas”, dice.

Por su parte, Rivero afirma que si bien en temas de sexualidad cada pareja es un caso que requiere un análisis independiente, en términos generales no cree que sea positivo adoptar prácticas sadomasoquistas solo por curiosidad o por moda.

“No es bueno imitar algo solo porque sí, sin saber su origen y sus consecuencias. El éxito de la obra Cincuenta sombras de Grey se debe a la descripción de escenas de sexo explícito pero me parece peligroso querer seguirlas solo por experimentar. Estaríamos actuando como esos niños que, impactados por la ficción de una película, creen que poniéndose una capa roja pueden convertirse en Superman, saltar de la ventana e irse volando”, reflexiona esta profesional.

Rivero recomienda a las parejas buscar fuentes de placer siguiendo más bien sus propios gustos y costumbres. De esa forma cree que podrán salir de la monotonía en la que creen que se encuentra su vida sexual.

Límites y riesgos
La médico sexóloga Carolina Rivero cree que el sadomasoquismo no es necesariamente un acto abusivo ni se basa en el dolor en sí mismo. “El objetivo es la entrega y el juego de poder, no el orgasmo. Uno es dominante y el otro sumiso. El que lo practica sabe que esta práctica no se improvisa”, asevera.

Y entonces ¿dónde está el límite entre los juegos sexuales y la violencia para no provocar daños físicos ni sicológicos?

Rivero responde: “Si están claros los objetivos y si planificamos bien nuestro juego, no se provocarán daños”. Esta profesional insiste que en el masoquismo el protagonista no es el dolor, sino el juego de poder.
“El que lo practica, tiene conocimiento de los materiales que usa y sabe cómo prevenir riesgos”, indica e insiste que en esta práctica siempre tiene que haber criterio de seguridad.

Rivero aclara que esta conducta sexual no está motivada ni provocada por el alcohol ni por las drogas.

Y, ¿en qué momento esta conducta sexual se torna peligrosa y requiere de una atención especializada? En opinión de Carolina Rivero, ese extremo ocurre cuando se pierde el control y la voluntad.

“Una persona que obliga a su pareja a esta práctica se vuelve egoísta. Solo le interesa su propio placer y bienestar. Todo se sale de control y ya no hay consenso. Entonces hay riesgo de que alguien salga dañado.

Si alguno de los dos no lo disfruta, esa relación corre el riesgo de romperse o provocar un daño mayor, ya sea físico o sicológico”, previene Rivero.

Entretanto, Zabala cree que se puede hablar de una patología cuando uno de los dos se convierte en víctima y el otro recurre a la violencia y a la agresión instaurando dolor y sufrimiento. En ese caso, incluso, se puede poner en riesgo su vida. “La victima necesita sentir sufrimiento para llegar al placer”, dice