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Rompen raiting y ponen al mundo a hablar de ellas. Lograron ‘revivir’ a Pablo Escobar en El patrón del mal (Unitel, 23:00), que ya emitió Bolivision. Hace menos de dos semanas los seguidores de este tipo de dramas conocieron el final de Camelia la Texana (Unitel), la primera mujer líder de un cártel de droga, que antes de convertirse en la reina era una dulce e inocente joven.

Las novelas gustan desde siempre, pero las narconovelas tienen otro componente que seduce. Los fieles seguidores aseguran que están muy bien hechas en lo actoral, que las historias, sus lenguajes y estéticas son muy valiosos.

Como producto televisivo, son una innovación colombiana que deja atrás la historia romántica del pobre y plantean la cara real del negocio de las drogas. Pero, además, los expertos señalan un componente social: “Se miran porque es una posibilidad catártica para el televidente de cualquier país de echarle una miradita a ese mundo extraño.

Ponemos a gozar conociendo ese universo prohibido y excesivo del narco. Se mira para escandalizarse, pero también para reconocerse. Y lo mejor es que es un asunto de los colombianos; entonces, uno como argentino o chileno no se siente identificado, sino alucinado y fascinado viendo esos mundos”, declaró el crítico de televisión colombiano Omar Rincón a medios argentinos, donde, como en Bolivia, las audiencias se han rendido a los pies de estas tiras basadas en la vida de los capos del narcotráfico.

Para el productor nacional Gerardo Guerra, el éxito radica en como en toda novela tienen una proyección al sueño y la riqueza de la sociedad a lo que se suma el crimen organizado.

El origen

Todo comenzó con Sin tetas no hay paraíso (2006). La historia de Catalina, una joven de 16 años que lo tiene todo, menos buenos pechos. Ella vendió su virginidad a los narcos a cambio del dinero para pagar una
cirugía.

El cártel de los sapos (2008) produjo un rotundo cambio: por primera vez la televisión contaba la vida de un narco. Durante la primera temporada se detalla su carrera, que comenzó en una cocina de cocaína. El resto es cifras, raiting y más televidentes