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El economista Santiago Farjat Bascón asumió la dirección ejecutiva del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia (INE) en noviembre de 2017. Se planteó tres desafíos clave en el momento de asumir el cargo: continuar en el proceso de fortalecimiento y darle continuidad al trabajo del director saliente; el segundo, la modernización del INE para estar acorde con los estándares y pares de la región; y generar y brindar datos pertinentes, oportunos y de calidad al Estado y a la ciudadanía.

Con el objetivo de hacer encajar los nuevos datos estadísticos que da un Censo Nacional de Población y Vivienda con los planes de desarrollo, Farjat piensa en acortar a ocho años el espacio entre una y otra encuesta nacional.  

A cinco años y cuatro meses del último censo, ¿cómo se prepara el INE para la próxima actividad, que debería llevarse a cabo el 2022?
Lo que ahora estamos viendo como INE es la pertinencia y la oportunidad de hacer un Censo Nacional de Población y Vivienda para el 2020. Lo que correspondería es hacer el censo en 2022, 10 años después del de 2012.

¿Por qué hacerlo el 2020, es decir, dos años antes de lo que se dice como sugerencia internacional?
Estamos viendo el sentido de oportunidad que podríamos tener como país. ¿Qué ocurre el 2020? Se termina el Programa Nacional de Desarrollo (Pndes) y nosotros tendríamos información fresca, oportuna y actualizada para empezar a hacer el nuevo Pndes. Tendríamos nuevos insumos para la planificación integral del Estado y también para hacer una evaluación del programa en su momento.

¿Es una decisión tomada?
Estamos en un proceso de planificación y explorando las posibilidades de hacerlo el 2020 para tratar de encajar el censo con los ciclos de planificación del Estado, que son 2020-2025. También nos permitiría dar información fresca a los municipios y gobernaciones para que ellos hagan su planificación a través de los Planes Territoriales de Desarrollo Integral (PTDI). Los anteriores PTDI se han hecho con datos del censo 2012. Pero en algunos casos, tal vez por error de los municipios, ni siquiera se han hecho con la información del 2012, sino anterior.

¿Desde cuándo tendrían que empezar a trabajar para organizar el censo 2020 si se diera el caso?
Como se conoce, no es un operativo menor. Implica una planificación de por lo menos dos años. Tendríamos que empezar este año, para el próximo año, hacer un ejercicio de actualización cartográfica para poder salir el 2020 a hacer el censo y tener resultados lo antes posible.

¿Cuántas ciudades nuevas existirían en el país desde el censo 2012 con relación al crecimiento poblacional?
De acuerdo al censo 2001, había 43 ciudades mayores a 10.000 habitantes. Para 2012 teníamos 53 y la proyección para 2017 es que este número no cambió.

Con los datos de crecimiento poblacional y en base a otras estadísticas sociales y económicas que lleva adelante el INE, ¿qué deberían estar haciendo los municipios o gobernaciones para estar en línea con este crecimiento o desarrollo?

La función principal del INE es generar información para la toma de decisiones del Estado, de los municipios y de las gobernaciones. En base a la información que nosotros brindamos, lo que ellos deberían hacer, dado que estamos a medio término de lo que es el Plan de Desarrollo Económico y Social, es una evaluación de sus PTDI. Luego podrán replantear y alinearse un poco a lo que vendría a ser la segunda etapa del plan.

¿Cómo se evalúan los resultados del Censo Agropecuario?
El valor que tiene el Censo Agropecuario 2013 es muy grande. Lo hicimos después de casi 29 años. Este esfuerzo tuvo una importancia mayúscula para el país y para los sectores. Por lo general, en la naturaleza de un censo no se puede ahondar mucho en las temáticas que quieren los sectores porque, justamente, es un censo que te sirve para generar tu marco muestral. Es por eso que de ahí el INE ha realizado una encuesta agropecuaria el 2015, con la que se pudo preguntar cosas a mayor profundidad.

¿Se logró realizar la generación de 10 mapas de pobreza de las áreas periurbanas de las nueve capitales y El Alto?
La historia de los mapas de pobreza viene desde el censo 2012. Tenemos mapas de pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas, que toman varias dimensiones. Sobre este ejercicio que hemos realizado en 2012, nosotros aplicamos lo que se llama el Registro Único de
Beneficiarios. Esto viene como parte de lo que en algún momento nos pidió el presidente Evo Morales, de tratar de focalizar dónde estaba la pobreza extrema en las ciudades. Lo que estamos haciendo es trabajar en esa dimensión. Tenemos un mapeo al 2015 que se hizo con un operativo estadístico y, ahora, actualizamos esa información y validamos el trabajo. El presidente ha sido muy claro en su momento, de que tenemos que identificar las zonas donde se está concentrando la pobreza extrema.

Hasta ahora, ¿es efectiva la ponderación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) en la práctica?

El cambio de año base es para tener un indicador que sea más representativo de la realidad. Los países deben ajustarse a las transformaciones económicas, sociales y culturales de los últimos años. No solo cambian los hábitos de consumo, sino también los productos que se consumen.

Estas nuevas ponderaciones se están aplicando de manera regular. Hacemos las cotizaciones y las estamos llevando con bastante efectividad porque nos damos cuenta de que los datos obtenidos nos dan una inflación mucho más cercana a nuestra realidad, cosa que con el anterior índice  solo era representativa.