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No será un lunes cualquiera. A las 9:00 de Bolivia, 15:00 de La Haya, el presidente de la Corte Internacional de Justicia de La Haya comenzará la lectura del que hasta hoy es el fallo más importante de la historia de Bolivia: la decisión sobre la demanda de Bolivia contra Chile por la obligación de negociar una salida soberana al océano Pacífico.

Mientras campesinos afines al Gobierno se organizaban en todo el país para escuchar el fallo y un grupo de bolivianos provenientes del resto de Europa cantaba La marcha naval a las puertas del Palacio de la Paz, sede de la corte, en Chile hay un ambiente ríspido, casi pesimista. Mientras el presidente Evo Morales encabezará la frondosa delegación boliviana que escuchará la sentencia, Chile ha dejado casi en la orfandad a Claudio Grossman, reconocido académico internacionalista chileno y agente de su país en La Haya, que tendrá la responsabilidad de cargar con la noticia.

En 2013, Bolivia presentó una demanda contra Chile para volver con soberanía al Pacífico, luego de que la guerra de 1879 lo separara de los 400 kilómetros de costa con los que nació, además de los 120.000 kilómetros cuadrados del departamento de Litoral. La Corte Internacional de Justicia lo caratuló con el rótulo: “Demanda de Bolivia contra Chile por su obligación de negociar una salida soberana al mar”. Luego, en 2015, resolvió que sí tenía las atribuciones para juzgar el caso, luego de que Chile presentara una objeción, y en marzo de este año escuchó los alegatos orales de los grupos de abogados de ambos países antes de retirarse a analizar toda la prueba. Ese análisis concluyó a principios de septiembre, cuando estableció el 1 de octubre para hacer pública su sentencia. Hoy es 1 de octubre.

“Seguro que habrá buenas noticias para el pueblo boliviano, porque estamos con la razón y la verdad buscando justicia”, dijo Evo Morales, la única vez que ayer se refirió al tema, en el avión presidencial, minutos antes de aterrizar en Rotterdam.

Mar de fondo

Bolivia ha calificado su actitud ante el fallo como de “moderado optimismo”. Así lo dijo el expresidente y agente ante La Haya, Eduardo Rodríguez Veltzé, y lo repitió José Alberto Gonzales, embajador de Bolivia ante la OEA, ante un ramillete de micrófonos que lo cercaron.

“Esperamos que esa siembra que hemos hecho durante cinco años, que ha sido muy positiva, nos permita mañana la cosecha, un triunfo o una situación que no solo favorezca a uno o perjudique al otro, sino que sea un encuentro, un hermanamiento”, dijo Gonzales.

Luego recordó la conversación que tuvo hace pocos días en Washington con el presidente chileno Sebastián Piñera, que había planteado dejar atrás el pasado y escribir la página más luminosa de nuestra historia. “Bolivia siempre ha buscado ese camino y con el fallo se va a cerrar una vieja herida que sigue sangrando en la región”, dijo.

El ambiente entre los periodistas chilenos desplegados en La Haya no era el mejor. No entendían por qué su delegación se había reducido a tal punto de dejar a Grossman solo. Los que llevaban cinco visitas en La Haya recordaban que el canciller mapochino tampoco había venido a la corte a recoger el fallo contra Perú, especulaban que tal vez Roberto Ampuero recién se hubiese enterado de aquello, que hubiera sido una decisión que pase por el estilo más que por el contenido del fallo, pero lamentaban que se hubiese ‘bajado’ del viaje después de haberlo anunciado.

Así, con un resultado que se espera favorable al pedido de Bolivia –“¿La ONU les va a decir a dos países que no negocien?”, se preguntó un político en el lobby del hotel Crowne de La Haya–, la atención de los medios viró hacia si Chile acatará el fallo de la corte.

“Por supuesto que vamos a respetar el fallo. Cuando se recurre a una instancia como esta, uno se aviene al resultado. Haremos todos los esfuerzos para que este fallo se ejecute, pero estamos esperanzados. No estamos celebrando nada, no en una actitud triunfalista”, aclaró Gonzales, que no quiso responder a un posible escenario con Bolivia como perdedora de la decisión de la corte.

Sacha Llorenti, embajador de Bolivia ante las Naciones Unidas, tuvo una respuesta más ortodoxa a esa pregunta y recordó que las naciones que se adhieren a tratados internacionales, como el Pacto de Bogotá, están obligadas a cumplir las decisiones de los organismos nacidos de estas instancias. No mencionó que si Chile no acata el fallo sería pasible a sanciones de la ONU y que es impensable que algo así suceda. Ninguno de los dos embajadores bolivianos quiso valorar las acciones militares desplegadas por Chile en la frontera con Bolivia. Gonzales dijo que no las vio y Llorenti recordó que Bolivia ha extendido su mano a Chile para construir juntos un destino común, más allá del resultado de mañana.

Por ese mismo camino va Jorge Tuto Quiroga. El exmandatario llegó ayer a La Haya procedente de China y aseguró que Bolivia ha acudido a la corte más importante del mundo y mañana (hoy) escuchará el fallo más importante de su historia. Aseguró que después de esto “Bolivia y Chile están condenados a entenderse” y que, por fin, dos pueblos que nacieron como hermanos y como vecinos y que han vivido más de un siglo de espaldas, se darán la vuelta para abrazarse.

Llorenti añadió que esta demanda está cincelada en el alma boliviana y aseguró que ha sido construida no solo por esta generación de bolivianos, sino por varias anteriores.

En los pasillos del Crowne, los rostros sonrientes hablan en voz baja y no se muestran muy preocupados por las demostraciones de fuerza de Chile. Recuerdan que hizo algo más o menos parecido antes del fallo del juicio contra Perú, pero que una vez conocida la sentencia, no puso objeción para cumplirla.

Si el fallo hoy sale favorable a Bolivia, la discusión ya no será si se acatará, sino en cuánto tiempo deberá alcanzarse un acuerdo en esa “negociación obligatoria”, o qué rumbo tomará el centenario reclamo boliviano tras ser rechazado por la mayor corte del planeta.