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Por primera vez en su historia democrática, Argentina irá a una segunda vuelta electoral el 22 de noviembre luego que el conservador Mauricio Macri sorprendiera ayer en las elecciones presidenciales al obtener un virtual empate con el oficialista Daniel Scioli, el candidato de la presidenta Cristina Fernández.

El voto castigo al kirchnerismo (que gobernó el país en los últimos 12 años) por el manejo de la crisis económica y al estilo confrontacional de Fernández están detrás de este giro del electorado argentino, impensado para todas las encuestadoras que daban a Scioli como el favorito para ganar los comicios.

Con más de seis horas de retraso, la Junta Electoral Nacional (JEN) publicó los primeros resultados electorales que, al 96% de las mesas escrutadas señalan que Daniel Scioli (Frente para la Victoria) logra 8,8 millones de sufragios (36,72%) frente a Mauricio Macri (Cambiemos) con 8,3 millones de votos (34,46%).

En tercer lugar quedó Sergio Massa (UNE), con 21,3% de los votos, es decir, 5,1 millones de sufragios.
De esta forma, al no alcanzar ninguno de los candidatos el 45% más uno de los votos y no lograr una diferencia de 10 puntos respecto del segundo en caso de tener 40% más uno de los sufragios, Scioli y Macri disputarán la segunda vuelta electoral en noviembre.
El Gobierno, a cargo del escrutinio provisional, advirtió de que aún falta cargar los datos del 60% de las mesas de la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral del país y que actualmente es gobernado por Scioli.

La cuarta posición la ocupaba el postulante del frente de Izquierda y de los Trabajadores, Nicolás del Caño, con un 3,45 % de los sufragios, seguido por la aspirante del frente de centroizquierda Progresistas, Margarita Stolbizer, con un 2,67 %.

En último lugar se situaba el expresidente provisional argentino Adolfo Rodríguez Saá, aspirante por Compromiso Federal (peronismo disidente), con un 1,84% de los votos.
Ante las quejas de la oposición por el retraso en difundir resultados oficiales, el director nacional electoral, Alejandro Tullio, dijo: "no hay demora, hay espera de datos consistente".
"Se había decidido dar resultados certeros", se justificó Tullio en una comparecencia ante la prensa tras las denuncias de la alianza Cambiemos por la falta de datos seis horas después del cierre de las urnas.

Fuentes de la empresa española Indra, a cargo del sistema informático para el escrutinio provisional de los comicios presidenciales de este domingo en Argentina, aseguraron a EFE que la carga de datos es normal y que el escandaloso retraso en la difusión de los resultados es decisión del Gobierno argentino.

Scioli anticipó el batacazo
Las encuestas señalaban que Scioli obtendría entre 40 y 42% de los votos, mientras que Macri lograría entre 32 y 33% de los sufragios. Sin embargo, ninguno de los sondeos pudo pronosticar el ascenso del voto opositor al kirchnerismo y el respaldo a Mauricio Macri.
"Convoco a todos los indecisos e independientes para alcanzar la victoria de todos los argentinos", dijo Scioli en un reconocimiento implícito de la segunda vuelta ante sus partidarios en el estadio Luna Park de Buenos Aires, su sede de campaña.
"Encararé esta nueva etapa con más fe que nunca", dijo al cerrar sus palabras llamando a la prudencia hasta conocer los resultados oficiales que no habían sido divulgados casi cinco horas después de cerrados los centros de voto.

Una hegemonía de candidatos de derecha o centroderecha pone fin a 12 años de gobiernos centroizquierdistas de los Kirchner con el exmotonauta Scioli (58), gobernador de la superpoblada provincia de Buenos Aires, delante de Macri (56), líder de la oposición, magnate empresario y alcalde de la capital.

Junto a cientos de sus seguidores, Macri celebró su paso a la segunda vuelta electoral: "Lo que ha sucedido el día de hoy, cambia la política de este país, vamos a plantear un cambio".
El expresidente del popular club de fútbol Boca Junior e hijo de una familia de reconocidos empresarios menemistas tendrá la oportunidad, en noviembre, de pelear la presidencia de Argentina frente a un debilitado Daniel Scioli