Opinión

Necesario giro en la política exterior

El Deber Hace 10/7/2018 8:00:00 AM

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El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) rechazando que Chile tenga la obligación de negociar con Bolivia fue sin duda un golpe inesperado para gobernantes y ciudadanía. Se esperaba un resultado diferente. Si bien la CIJ sugirió -luego de emitir su veredicto- que las partes conversen en forma voluntaria sobre temas pendientes, nada conformó las expectativas del pueblo boliviano. Menos aún, en función de la exagerada e intensa propaganda previa orquestada por la actual administración.

El golpe fue duro, ahora cabe seguir adelante y como Estado mantener la coherencia. Se prometió respetar el fallo y eso habrá que hacer. Y no es un “Informe” -como desaprensivamente se dijo en una conferencia de prensa- sino una sentencia judicial del más alto tribunal sobre la tierra. Bolivia, país fundador de la Organización de las Naciones Unidas, tiene la obligación de mantener las pautas civilizadas de las que forma parte, gusten o no los fallos, gobierne quien gobierne. Eso tiene que entenderlo bien Evo Morales.

La conclusión lógica de estos casi seis años de litigio en La Haya y de los magros resultados en otros campos, nos lleva a sugerir la necesidad de un drástico cambio en la política exterior. Está visto que la diplomacia de los pueblos fracasó. Asimismo, las amistades, expresiones y alianzas cultivadas por el jefe del Estado durante sus 12 años de gestión no generaron apoyos fundamentales. Solidarizarse con líderes parias y dictaduras, no ha sido tampoco lo más aconsejable.

La política exterior es el instrumento de un miembro de la sociedad mundial para plantear sus objetivos y defender sus intereses; si la entidad es pequeña y débil, su política exterior podrá apoyarse en partícipes más potentes o en el orden establecido para que se conozcan sus derechos. Esto último, en un mundo donde el poder y el interés resultan ser preponderantes, lamentablemente no sucede muy a menudo, como acabamos de verlo. Aún así, una diplomacia profesional institucionalizada -medio tradicional y brazo ejecutor de la política exterior- siempre será el mejor instrumento para alcanzar objetivos o cambiar situaciones insatisfactorias de flagrante injusticia. Está probado que no hay otros caminos.

Urge una nueva política exterior con pragmatismo, basada en una diplomacia institucionalizada en función del interés nacional. Es más, Bolivia debe retomar el camino del profesionalismo del servicio exterior, que ya estaba en curso el año 2006 y este régimen lo pulverizó sobre bases demagógicas que el tiempo probó no fueron efectivas.