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Todo comenzó el martes, había salido un fallo del Tribunal Constitucional que daba luz verde para que Evo Morales sea candidato y pueda ser reelegido hasta su muerte, aun a costa de cuatro artículos de la Constitución Política del Estado, que eran un freno a este hecho.

La noticia corrió a través de las redes sociales y también el llamado a protestar, a no callarse frente a un acontecimiento que después fue identificado como “el inicio de un régimen autoritario o como una vulneración del sistema democrático”. El miércoles la protesta fue más numerosa, tanto que colmó la plaza 24 de Septiembre y que terminó en la Corte Departamental Electoral, con jóvenes furiosos que pedían respeto al voto expresado en el referéndum constitucional del 21-F.

Entonces, el resto de la ciudadanía se sorprendió y miró con entusiasmo el despertar de una juventud rebelde. Miguel comentaba que su hija vivía las movilizaciones a través de lo que sus compañeros de universidad le enviaban por las plataformas sociales; José Luis estaba emocionado porque su hijo, de 17 años, había escrito un mensaje comprometido con la democracia en su muro de Facebook. En las protestas, los gritos no solo eran contra Evo Morales y el Gobierno nacional, también rechazaban a los autoridades locales y departamentales. Comenzaba la interpelación a la ausencia de los líderes en las calles, en la lucha.

El ímpetu también se transformó en violencia. En dos jornadas de protesta, las marchas terminaron destrozando vidrios, primero en el edificio de la Corte Electoral y después en la Fiscalía de Distrito. Al no tener líderes visibles, la furia era difícil de controlar, a pesar de que había manifestantes que hacían de todo para evitar el desborde.

A 12 días del fallo y de la primera marcha callejera, los grupos autoconvocados se enfrentan a una encrucijada: la vía de la violencia y la protesta constante, que puede desgastarse, o la vía de la articulación, del establecimiento de alianzas nacionales y de la estrategia a largo plazo. Su fortaleza es que, aunque se trata de plataformas muy heterogéneas, tienen un objetivo común: el respeto al voto del 21-F y la recuperación de la democracia.

El contexto
El escenario no es difícil de comprender. Los actores principales son jóvenes, la mayoría menor de 35 años. Según la encuesta sobre Percepción de los jóvenes sobre el valor público, la política y la democracia en Santa Cruz de la Sierra, casi un 80% de la población cruceña, que tiene entre 16 y 30 años de edad, ve a la política como fuente de corrupción; el 82% no simpatiza con ningún partido y el 98% no milita en ninguna agrupación partidaria. Eso no los hace indiferentes, porque al 61% le interesa aportar para mejorar su comunidad. La diferencia está en que ellos ya no quieren seguir a caudillos, quieren participar y que se los tome en cuenta, ya que el 69% considera que los partidos y las autoridades no lograron resolver los problemas de la gente.

Frente a ese desencanto, ellos también plantean las cualidades que debería tener un líder: honestidad (42%); responsabilidad (21%); preparación y capacidad (13%); que cumpla las promesas (7%). Por ahora, nadie es líder de estos movimientos que ya se han multiplicado por todo el país.

El 34% de ellos navega en internet durante sus horas libres y ese es precisamente el espacio desde el cual emergen, para ahora irrumpir en las calles.

El politólogo Gustavo Pedraza recordaba a Gramsci en su muro de Facebook: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, entendiendo que estos lo que quieren es apropiarse de los movimientos emergentes para distorsionar su esencia.

La opción planteada por Pedraza para que eso no ocurra es la “visión estratégica”, es decir que haya una cohesión progresiva, construcción de liderazgo, un nuevo sentido común y una nueva narrativa capaz de derrotar la visión conservadora. “Es un momento muy crítico, nos acercamos a una crisis que puede ayudar a dar un salto hacia el futuro o nos puede lanzar atrás”, señala.

La alianza nacional
El comunicador social paceño Ilya Fortún es activista desde hace un par de años y saluda la emergencia de nuevas plataformas y nuevos actores, pero también asume que no es sencillo articular estrategia cuando hay una relación tan horizontal como protagonistas tan diversos. “Eso nos llena de entusiasmo, pero hay que separar la paja del trigo (los objetivos fundamentales de las diferencias entre agrupaciones), aceptarnos y aprender a trabajar con quienes tienen más experiencia política”, opina.

En su criterio, en un momento en que la fuerza ciudadana irrumpe en la calle, es también necesario tener mesura, sangre fría y calma para buscar objetivos estratégicos y alianzas que son importantes. “Se necesita coraje y cautela, profundidad en la lectura política para no cometer excesos y no afrontar situaciones que no van a ser sostenidas en el tiempo”, apunta.

A pesar de la dificultad, los colectivos sí están coordinando. Lo hacen a través de las redes sociales y en reuniones que tienen ‘sede flotante’: a veces en Santa Cruz, otras en La Paz o en Cochabamba. 

Christian Aramayo, de la plataforma Me comprometo con Bolivia, sabe que el debate es necesario, pero también ve que es una práctica casi nunca utilizada en el país. Sabe que hay que definir una ruta y que para ello es necesario asimilar críticas. “La coordinación a escala nacional es uno de los desafíos”, reconoce. Nakai Mirtembaum, de la misma agrupación, añade que ya están coordinando y lo hacen mediante plataformas sociales y en persona. Lo cierto es que están en movimiento y no solamente en las calles.

La estrategia toma forma
Quien irradia entusiasmo es Federico Morón, activista en redes sociales y uno de los gestores de estos movimientos. Considera que el nivel de empoderamiento ciudadano es extraordinario y destaca el despertar de la gente. “Se están organizando en grupos y ya tuvimos acciones coordinadas”, relata, al indicar que hubo interacción y planificación entre las plataformas de jóvenes y las de mujeres.

Uno de esos grandes grupos ha enviado cartas a la institucionalidad cruceña para que se una al clamor ciudadano. El eje discursivo también se va alineando: no violencia, búsqueda de una estrategia, creatividad en las acciones y conexión con otras ciudades. Los objetivos son claros: respeto al voto ciudadano del 21-F y recuperación de la democracia.

La organización ya tuvo frutos el miércoles, cuando las mujeres fueron a dejar una corona al Comité Cívico y los hombres esperaron en la plaza. “Para cuidarnos entre todos y que no haya violencia, que es el escenario que el Gobierno maneja y con el que nos puede derrotar, diciendo que somos cambas pegadores. Con acciones agresivas, la gente se asusta. Mientras más buena onda seamos, más gente va a sumarse a la causa”, afirma Morón.

Una de las plataformas emergentes es de mujeres y se llama Cuña Mbarete (mujer fuerte, en guaraní). Fue creada por Nancy Nallar y en menos de 10 días alcanzó 300.000 seguidoras en Facebook. Ella dice que la cifra sobrepasó las expectativas y ahora están buscando consensuar las acciones, no solo en Santa Cruz, sino en el país y en el extranjero. Uno de sus principios es luchar por la democracia y el respeto al No del 21-F, pero también rayan la cancha para que otros temas polémicos no las dividan, entre ellos la religión, la preferencia sexual, el aborto o la pertenencia a un partido político.

Sus acciones han sido sorprendentes, desde el velorio del Comité pro Santa Cruz en la plaza principal hasta llevar huevos a la Cámara de Industria y Comercio, con lo que también interpelaron a la organización que aglutina a los empresarios de la región.

 

La interpelación al Comité 
El Comité pro Santa Cruz es uno de los blancos de interpelación. Las movilizaciones exigían paro cívico, pero no era porque querían revitalizar a esta institución, llamada gobierno moral de los cruceños, sino demandando un rol de mayor protagonismo en este momento. “Instamos a que no se muera, que se reinvente, porque ahora no está al lado del pueblo. Se distinguen entre ellos, hacen negocios entre ellos y con el Gobierno”, dice Federico Morón.

La explicación la da Gustavo Pedraza, quien cree que quienes protestan están pasando la factura por la ‘convivencia pacífica’ entre el Gobierno y la institucionalidad cruceña, que si bien ha sido beneficiosa para las empresas (ayudando a su generación de beneficios económicos) y para el aparato estatal (permitiendo gobernabilidad), ahora están generando presión a esas instituciones para que canalicen la protesta social. 

En ese contexto, Pedraza ve que la institución cívica tenía dos opciones en la Asamblea de la Cruceñidad: frenar a los movimientos y postergar su demanda en el tiempo para que todo vuelva al control de la estructura institucional, dentro de la buena relación con el Gobierno, que fue la que se decidió. La otra alternativa era que algunos actores de la institucionalidad tomen posición y convoquen a movilizaciones que marquen una ruptura entre el Gobierno y las entidades regionales.

Hay quienes piensan que quien avanza en la ruta disruptiva es Percy Fernández, quien al rechazar el fallo del Tribunal Constitucional y rehusarse a ser candidato a la reelección, pretende capitalizar la protesta ciudadana.

El horizonte
Esta es la irrupción de un modo de actuación colectiva que tiene, como elemento disparador, el fallo del Tribunal Constitucional y la defensa del voto del 21-F. Esos objetivos son los que unifican la emergencia de los colectivos ciudadanos y esa es su fortaleza, señala Carlos Hugo Molina, estudioso de la política y director de innovación del Cepad.

La propuesta no es de Santa Cruz, tiene una dimensión nacional y eso ha sorprendido, porque nadie esperaba esto de los cruceños, que siempre fueron tildados de racistas y separatistas, apunta, para complementar que el resultado no se va a resolver en el corto plazo, sino en 2019, cuando se realicen las elecciones nacionales, para las que Evo Morales puede estar habilitado como candidato.

Desde su mirada, puede cumplirse el objetivo o diluirse la protesta en el tiempo, pero cree que al tener objetivos estratégicos generales y compartidos por un grueso de la población nacional, es más probable la continuidad.

“El gran valor que ha tenido hasta ahora es que ha logrado mover el escenario político, ha posicionado una opción, a través de un grupo de actores jóvenes que están incorporando valores universales con los que nadie puede estar en desacuerdo.

Esa visión es confirmada por Christian Aramayo, de Me comprometo con Bolivia, quien dice que el objetivo es recuperar los valores democráticos y que eso no se termina en 2019, sino que demandará un compromiso de décadas.

Para el politólogo Carlos Guzmán Vedia, la fortaleza es la espontaneidad de los movimientos, pero también ve debilidades como la ausencia de un portavoz que encarne el discurso de todos y una organización. “Para tomar el poder se necesita un líder visible, un mensaje coherente y una estructura. Son grupos críticos, pero no propositivos”, apunta como déficit para que se conviertan en una alternativa política.

 

El primer fruto 
La articulación a través de las redes sociales ya dio su primer fruto y fue el control ciudadano del voto del domingo 3 de diciembre, cuando se realizaron las elecciones judiciales.

A pocos días de los comicios y en medio de la protesta de los partidos de la oposición porque no les permitían tener delegados de mesa, el movimiento Revolución Jigote hizo un llamado, a través de Facebook y de Twitter, para convocar a ciudadanos voluntarios que puedan utilizar la tecnología para controlar que los resultados del escrutinio en cada mesa sea reportado vía redes sociales para verificar que sean los mismos que llegaban al Órgano Electoral.

José Antonio Prado, director de Revolución Jigote, dice que no esperaba una respuesta tan contundente a la convocatoria. Se lanzó la app ControlGo, que recibió más de 750 reportes entre el 3 y el 4 de diciembre.

“Hay que invitar a descolocar al poder, porque es con inteligencia que se avanza. El que no tiene iniciativa no puede ganar ni dar pelea. Hay que sorprender”, dice.

“Los chicos de la ciudad sí quieren participar, pero no quieren ser etiquetados en algún bando. Ellos se activan cuando son protagonistas”, dice Prado y añade: “No queremos ser un bollo de ovejas en las calles. Queremos ser individuos pensantes y conscientes en las calles o donde sea. Eso es trabajoso y complicado”.

Las protestas continúan y el nuevo escenario muestra vínculos a escala nacional. Por ahora los partidos observan y diseñan sus propias estrategias